Supervivencia en territorio enemigo: el relato de un soldado ucraniano que pasó dos semanas en un refugio ruso
En un relato extraordinario de supervivencia durante el conflicto en curso, Vadym Lietunov, un cabo ucraniano de 34 años originario de la ciudad costera de Odesa, logró sobrevivir durante dos semanas oculto en un refugio subterráneo perteneciente a las fuerzas rusas.
El ataque que cambió el rumbo
La experiencia de Lietunov comenzó en el frente, donde enfrentaba bombardeos diarios que se prolongaban entre seis y siete horas. Junto a otro soldado ucraniano llamado Sasha, el cabo se encargaba de reparar los daños causados por morteros y drones kamikaze, llegando a utilizar botellas de orina para extinguir los incendios y sacos llenos de arcilla para reforzar las posiciones.
La situación se volvió crítica a finales de febrero, cuando los operadores de drones rusos emplearon una nueva táctica: el uso de un dron Molniya equipado con una mina antitanque. La explosión ocurrió justo en la entrada de su posición, dejando a ambos soldados conmocionados. Poco después, una segunda mina cayó directamente sobre su trinchera.
«Miro hacia arriba y ya no tenemos techo. Lo voló todo», recordó Lietunov.
El impacto resultó fatal para Sasha, quien perdió las piernas en la explosión. Ante la inminencia de un nuevo ataque, Lietunov, impulsado por la adrenalina y calzando únicamente sus calcetines, huyó buscando la dirección de sus propias tropas.
Un refugio equivocado
Durante su huida, Lietunov divisó una posición fortificada entre los árboles con una manta cubriendo la entrada. Convencido de que se encontraba con sus compañeros, comenzó a gritar para pedir ayuda y entró en el refugio, donde se encontró con un soldado uniformado que le apuntaba con un rifle automático.
Tras informar que pertenecía a una brigada específica y que había sido bombardeado, el soldado ruso lo invitó a entrar. Fue en ese momento cuando Lietunov reconoció el acento de su captor.
En un intento desesperado por salvar su vida, el cabo ucraniano se dirigió al soldado diciendo: No eres uno de los nuestros, ¿verdad? Por favour, no me mates
.
Catorce días de tensión psicológica
El soldado ruso, identificado como Nikita, decidió no ejecutarlo y lo trasladó a una pequeña cámara subterránea. Estás desarmado. No te dispararé
, le aseguró Nikita, quien le mostró una cruz cristiana fabricada con dos tablones de madera que llevaba inscritas las palabras salva y protege
.
Aunque el captor prometió liberarlo a la mañana siguiente, la promesa no se cumplió, y Lietunov pasó los siguientes catorce días esperando un desenlace incierto. El cabo de Odesa comprendió que su única oportunidad de supervivencia radicaba en manipular psicológicamente a su captor.
Este encuentro directo resulta inusual en la guerra actual, donde el contacto físico es escaso. Según el relato, la mayoría de las bajas y heridas son causadas por explosiones remotas, en un escenario donde la zona de peligro se extiende hasta los 25 kilómetros en ambas direcciones debido al alcance de los drones.
