Un rayo de esperanza se vislumbra en el tratamiento del espina bífida. Esta malformación, que ocurre durante la cuarta semana de vida embrionaria debido a un defecto en el cierre del tubo neural –el sistema nervioso primitivo–, puede manifestarse a lo largo de la columna vertebral, aunque es más común en la parte baja de la espalda. Sus consecuencias varían en severidad, pudiendo incluir incontinencia urinaria e intestinal, parálisis de las piernas e incluso problemas cognitivos.
La posibilidad de un nuevo enfoque terapéutico reside en el uso de células madre, administradas directamente en la médula espinal del feto durante una intervención quirúrgica reparadora a finales del quinto mes de gestación. Un ensayo clínico llevado a cabo en Estados Unidos, publicado el 26 de enero en la revista The Lancet, sugiere que este procedimiento es factible y no presenta toxicidad detectable en los seis fetos que participaron, quienes actualmente tienen entre 3 y 4 años y medio de edad.
Esta condición, que afecta a entre 2 y 5 embarazos por cada 10.000, puede ser detectada durante la segunda ecografía, alrededor de la semana 22 de gestación, e incluso antes. Según Jean-Marie Jouannic, jefe del servicio de medicina fetal del hospital Trousseau (AP-HP) en París, “más del 95% de los casos de espina bífida se detectan en Francia, una tasa casi inigualable a nivel mundial”. En más del 90% de los casos, los padres optan por una interrupción médica del embarazo tras recibir información prenatal detallada. “Cada año en Francia, entre 120 y 200 niños nacen con espina bífida”, añade el responsable del Spin@, centro de referencia para anomalías vertebrales y espina bífida.
