SpaceX apunta al 22 de septiembre de 2026 para el decimocuarto vuelo de su megacohete Starship. La misión buscará por primera vez colocar la etapa superior en la órbita terrestre, transportando veintiséis satélites Starlink de tercera generación y cámaras de observación externa para evaluar el escudo térmico.
El programa de pruebas de transporte espacial más ambicioso del mundo se prepara para su hito más complejo hasta la fecha. Tras completar con éxito una serie de ensayos de encendido estático en el sitio de pruebas en Texas, la compañía espacial afinó los preparativos técnicos para un intento orbital que marcará un antes y un después en su hoja de ruta. Las maniobras terrestres incluyeron una prueba de un solo motor con la nave Ship 41 y un ensayo posterior con los seis propulsores Raptor 3 encendidos de forma simultánea, según el contenido difundido por la empresa.
Los preparativos técnicos y el ensayo de motores en Texas
La fase previa al lanzamiento avanzó con pruebas rigurosas en la infraestructura terrestre. El vehículo Ship 41 completó una prueba de encendido estático de su motor central para demostrar el funcionamiento de la maniobra de frenado orbital con vistas a las próximas misiones al espacio profundo. Ese primer test de quince segundos en las instalaciones de Massey fue seguido de inmediato por una prueba de duración prolongada que abarcó todo el conjunto propulsor.
A pesar de que el fundador de la compañía había sugerido la posibilidad de intentar un aterrizaje de recuperación utilizando los brazos mecánicos de la torre de lanzamiento, la complejidad técnica descartó esa opción para esta ocasión. Las operaciones de la misión incluirán un amerizaje controlado en el océano Pacífico al oeste de Chile, con el fin de evitar riesgos innecesarios en una etapa tan temprana de las pruebas orbitales.
La ruta orbital y el despliegue de satélites Starlink V3
La misión del 22 de septiembre dispondrá de una ventana temporal de setenta y cinco minutos que se abrirá a las 7:15 horas, según la hora central de Estados Unidos. El plan operativo prevé que la nave alcance una órbita situada a unos 275 kilómetros de altitud, complete alrededor de seis vueltas completas al planeta y ejecute el encendido de desorbitado tras aproximadamente diez horas de vuelo continuo.

En esta ocasión, la carga útil no será meramente experimental. La compañía planea soltar 26 satélites Starlink de tercera generación, integrándolos directamente en la constelación operativa de internet. Entre esos aparatos, tres unidades incorporarán sistemas ópticos específicos para vigilar desde el exterior el comportamiento de la nave durante el viaje. Esta configuración repite parcialmente el método utilizado en julio, cuando media docena de satélites con cámaras enviaron registros visuales a tierra tras separarse del vehículo principal.
Modificaciones en el escudo térmico y lecciones del vuelo anterior
Los ingenieros introdujeron ajustes estructurales profundos tras analizar los datos del decimotercer vuelo realizado en julio, en el cual la nave logró un descenso controlado simulado sobre el océano Índico que permitió recuperar el casco para su posterior estudio en Texas. A partir de esa evaluación, los equipos reforzaron los puntos de sujeción de los elementos protectores.

Las mejoras técnicas comprenden modificaciones específicas en las zonas donde se detectaron filtraciones potenciales de plasma, además de la incorporación de componentes con diseño curvo concebidos para reducir el calentamiento extremo entre las piezas durante la reentrada atmosférica. Estos cambios resultan indispensables para garantizar la reutilización completa del sistema en el futuro.
Implicaciones a largo plazo para el programa espacial
El desarrollo del megacohete se cruza directamente con los compromisos institucionales de la empresa con la agencia espacial estadounidense. La compañía modifica de manera paralela una variante del vehículo destinada a acoplarse con la nave Orion de la NASA dentro de los preparativos para las misiones tripuladas que prevén llevar astronautas a la superficie lunar.
Con la vista puesta en una cadencia de lanzamientos intensiva que podría alcanzar frecuencias diarias una vez resueltos los desafíos operativos, el éxito o el fallo de la prueba determinarán el ritmo de transición con el que la industria espacial aspira a jubilar sus plataformas tradicionales de transporte.
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