La Bienal de Venecia ha inaugurado su edición actual en un clima de tensión y controversia. El evento ha comenzado sin las celebraciones habituales, describiéndose como un inicio «sin fiesta» tras un escándalo que ha marcado la apertura de la muestra.
La situación en torno a la Bienal ha sido calificada como un «estado de emergencia» debido a diversas protestas. En este contexto de conflictividad, el pabellón de Austria ha permanecido cerrado como consecuencia de una huelga pro-Palestina.
A pesar de las dificultades y el entorno convulso, la programación se presenta como una exposición de contrastes, donde conviven expresiones sonoras y silenciosas. Entre las propuestas destacadas se encuentra una «cámara de maravillas de la atención plena», que busca ofrecer un espacio de reflexión dentro de la diversidad de la muestra.
