La paradoja es evidente: somos nosotros, los creadores de contenido, quienes alimentamos estas plataformas, y sin embargo, su consolidación nos está asfixiando. Así lo reflexiona un productor audiovisual de Dayton, Ohio, quien observa cómo la dinámica de “el ganador se lo lleva todo” no solo perjudica a los espectadores, sino a toda la industria creativa.
La reducción del número de plataformas implica, inevitablemente, menos compradores. Menos compradores significan presupuestos más ajustados, y presupuestos más ajustados limitan la libertad creativa. ¿Qué sucede cuando esa libertad se reduce al mínimo?
Si bien se proponen soluciones brillantes para problemas de vivienda, salud y educación, es necesario aplicar el mismo enfoque estructural a las industrias creativas. Entre las propuestas, se sugieren:
- Incentivos fiscales para producciones que contraten personal local.
- Establecer límites a las tarifas que las plataformas cobran a los creadores independientes.
- Exigir a las plataformas de streaming que inviertan en contenido regional.
Desde la perspectiva de alguien que conecta historias a través de continentes, la consolidación de plataformas es especialmente perjudicial para la narrativa internacional y diversa. Pasar de tener diez posibles compradores a solo tres no es solo una cuestión matemática.
El verdadero costo no es la factura mensual de 25 dólares por el streaming. Es la cantidad de historias que nunca superan el rechazo: “gracias, pero no es para nosotros”. Porque cuando solo queda un comprador, un “no es para nosotros” significa que la historia no será contada.
