Dormir lo suficiente, ni mucho ni poco, podría ser clave para regular los niveles de azúcar en la sangre y prevenir la diabetes. Estudios recientes sugieren que tanto la falta de sueño como dormir en exceso pueden afectar la sensibilidad a la insulina, la hormona encargada de regular la glucosa en sangre.
Investigaciones indican que las personas que duermen menos de 6 horas por noche tienen el doble de probabilidades de desarrollar problemas de sensibilidad a la insulina o, incluso, diabetes. Por otro lado, dormir más de 9 horas también se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.
El cuerpo humano experimenta cambios naturales a lo largo del día, incluyendo un aumento en los niveles de azúcar en sangre durante la noche, conocido como el “efecto alba”. En personas sanas, la insulina puede manejar este aumento, pero en aquellos con diabetes o predisposición a ella, la insulina puede no ser suficiente, lo que provoca un aumento mayor de los niveles de glucosa.
Aunque la dieta y la obesidad son factores importantes en el desarrollo de la diabetes, los hábitos de sueño también juegan un papel crucial, afectando la capacidad de las células para responder a la insulina. Se recomienda, por lo tanto, mantener una rutina de sueño consistente y apuntar a un descanso de alrededor de siete horas por noche para ayudar a prevenir problemas de salud relacionados con el azúcar en la sangre.
