La analogía entre las olas emocionales y el surf ha surgido como una herramienta para la gestión de las emociones. La idea central radica en observar y aceptar las fluctuaciones emocionales, permitiendo que se desarrollen naturalmente, similar a cómo un surfista se entrega al movimiento de las olas.
Este enfoque sugiere que, al reconocer y aceptar estas “olas” emocionales, en lugar de resistirlas, se puede alcanzar un estado de calma interior. La práctica se presenta como una estrategia para afrontar momentos de dificultad emocional, promoviendo una respuesta más serena ante los desafíos.
