Durante la pandemia de COVID-19, las fases de confinamiento estricto (SQ) y confinamiento flexible (FQ) generaron un experimento natural que permitió medir cambios en la calidad del aire. Según los registros analizados, las concentraciones de partículas y gases se situaron en niveles específicos: 20,0 µg/m³ para PM₁₀, 8,03 µg/m³ para PM₂.₅ y 1,61 µg/m³ para SO₂.
Impacto de las restricciones en los niveles de contaminantes
El análisis de los datos ambientales durante las etapas de restricción de movilidad proporciona una base para entender la relación entre la actividad humana y la presencia de contaminantes en la atmósfera. De acuerdo con las mediciones reportadas, los niveles detectados durante este periodo fueron de 20,0 µg/m³ para las partículas PM₁₀ y 8,03 µg/m³ para las partículas más finas, conocidas como PM₂.₅. Asimismo, la concentración de dióxido de azufre (SO₂) se registró en 1,61 µg/m³.
Comparativa de las fases de confinamiento
La investigación clasifica la respuesta ambiental en dos periodos diferenciados: la fase SQ (confinamiento estricto) y la fase FQ (confinamiento flexible). Este marco permitió observar cómo la reducción de la circulación y la actividad industrial influyó directamente en los parámetros de calidad del aire. Los datos confirman que, bajo estas condiciones, los contaminantes atmosféricos se mantuvieron dentro de las concentraciones documentadas para el estudio, ofreciendo una perspectiva técnica sobre los efectos colaterales de las medidas sanitarias implementadas durante la emergencia global por COVID-19.


