La segunda etapa de un cohete Falcon 9 impactó contra la superficie lunar a una velocidad de 2,43 kilómetros por segundo, generando un nuevo cráter cerca de la región de los cráteres Einstein y Bell, sin representar peligro alguno para la Tierra.
El miércoles 5 de agosto de 2026, a las 06:35 UTC, una etapa superior de un cohete Falcon 9 Block 5 de SpaceX colisionó contra la Luna. El objeto, clasificado formalmente como F9-427 y registrado bajo el número de catálogo 62719 o 2025-010D, medía 13,8 metros de longitud y 3,7 metros de diámetro, con una masa de unas cuatro toneladas, según los detalles recopilados por el análisis especializado de Naukas.
Trayectoria de un cohete abandonado en órbita alta
El hardware espacial involucrado no era nuevo en las inmediaciones lunares. Esta misma etapa superior impulsó el lanzamiento dual realizado el 15 de enero de 2025 desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, transportando el módulo privado Blue Ghost M1 —desarrollado por Firefly Aerospace— y el aterrizador Hakuto-R Resilience de la firma japonesa ispace, tal como reportó el diario Excélsior.

Mientras que el módulo Blue Ghost completó con éxito su llegada y aterrizaje suave en la superficie lunar, la misión de la empresa ispace perdió contacto durante el descenso. Por su parte, la segunda etapa del cohete completó la inserción de las cargas útiles en sus respectivas trayectorias, pero quedó sin combustible suficiente para maniobrar de regreso a la atmósfera terrestre o alcanzar una órbita estable alrededor del Sol, quedando a la deriva.
Durante más de un año, la estructura metálica permaneció en una órbita elíptica altamente inestable de 176 por 362.529 kilómetros. Las perturbaciones combinadas de la gravedad terrestre, la atracción solar y la presión de radiación de la luz solar alteraron gradualmente su rumbo, empujándola hacia una trayectoria de colisión con el satélite natural, según la explicación emitida por SpaceX recogida por Autoevolution.
Energía cinética y observaciones astronómicas del impacto
El choque se produjo a una velocidad de aproximadamente 2,43 kilómetros por segundo, lo que equivale a unos 8.700 kilómetros por hora. Al carecer la Luna de una atmósfera densa que frene el descenso, la estructura metálica hueca golpeó la superficie con una fuerza considerable.

Investigadores liderados por William Jo en la Universidad de Texas en Austin calcularon mediante simulaciones físicas que la colisión liberó aproximadamente 11,5 gigajoules de energía cinética.
Las previsiones matemáticas iniciales sobre el punto de impacto exacto fueron calculadas en septiembre de 2025 por el astrónomo Bill Gray, responsable del proyecto de seguimiento orbital Project Pluto.
A pesar de que el destello inicial resultó difícil de apreciar a simple vista o mediante telescopios convencionales debido a la iluminación solar en esa región lunar, varios observatorios detectaron las consecuencias del choque.
Imágenes orbitales y el debate sobre la basura espacial
La confirmación visual definitiva provino desde el espacio orbital. La sonda surcoreana Danuri, operada por KARI y KASA, fotografió la zona afectada minutos después del impacto, documentando la formación del nuevo cráter, cuyo diámetro se estima entre 20 y 30 metros.

Las simulaciones de la Universidad de Texas apuntan a que los fragmentos de eyección alcanzaron alturas de entre 15 y 20 kilómetros, con penachos centrales de hasta 100 kilómetros y eyecciones laterales que se extendieron hasta unos 183 kilómetros desde el punto de impacto.
Representantes de la agencia espacial estadounidense salieron al paso de cualquier preocupación pública. Julianna Scheiman, directora de programas científicos de la NASA y de la división Dragon de SpaceX, junto con la científica lunar Kelsey Young, recalcaron que el suceso no comporta riesgo alguno para la población terrícola.
No obstante, la comunidad científica ha puesto sobre la mesa las consecuencias operativas de estos desecho orbitales. Este suceso constituye la segunda ocasión en este siglo en que una etapa superior de cohete impacta de manera involuntaria contra la Luna —un precedente similar ocurrió en la primavera de 2022 con un cohete chino Long March 3C que colisionó en la cara oculta cerca del cráter Hertzsprung, según recuerda el reporte de Norte Digital.
Ante la proliferación de misiones comerciales y gubernamentales hacia nuestro satélite natural, expertos en seguimiento orbital como Bill Gray advierten que la acumulación de restos metálicos y hardware abandonado en el espacio circumlunar requiere una mayor atención regulatoria de cara a la seguridad de futuras misiones.
