El humo de los incendios forestales contiene una mezcla de químicos tóxicos, incluidos carcinógenos como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, que pueden aumentar el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer, según estudios recientes presentados en la reunión anual de la American Association for Cancer Research (AACR) en 2026. La exposición al humo se ha asociado con un riesgo significativamente mayor de cáncer de pulmón, colorrectal, mamario, vesical y de sangre.
Estudios realizados por investigadores de la Universidad de Nuevo México y el Moffitt Cancer Center destacan que las sustancias tóxicas presentes en el humo no solo afectan los pulmones, sino que también pueden ingresar al torrente sanguíneo y diseminarse por todo el cuerpo, alterando diversos sistemas biológicos.
Además de los riesgos oncológicos, el humo de los incendios representa una amenaza inmediata para la salud respiratoria, causando irritación en las vías aéreas, agravando condiciones como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), y aumentando la susceptibilidad a infecciones.
Ante el empeoramiento de los incendios forestales debido al cambio climático, expertos en salud pública advierten sobre la necesidad de protegerse adecuadamente durante los episodios de humo denso. Sin embargo, el uso de mascarillas protectoras enfrenta desafíos debido a actitudes negativas o escepticismo en ciertas comunidades, lo que dificulta los esfuerzos de prevención.
Las autoridades sanitarias recomiendan permanecer en interiores con ventanas cerradas, usar purificadores de aire con filtros HEPA cuando sea posible y, si es necesario salir, utilizar mascarillas N95 o equivalentes bien ajustadas para reducir la inhalación de partículas finas y compuestos tóxicos presentes en el humo.

