El presidente Patrice Talon tiene una visión ambiciosa para Benín: superar a Suiza en materia de humor. La estrategia, según se ha anunciado, consiste en convertir la risa en una herramienta cultural con objetivos económicos, diplomáticos y simbólicos, algo que muchos países occidentales, incluyendo Suiza, no están haciendo.
En Suiza, la política cultural a menudo prioriza jerarquías establecidas. El humor, percibido como un entretenimiento “popular” o una actividad ocasional, ha sido relegado a las leyes del mercado. Algunos argumentan que su éxito demuestra que no necesita subvenciones, pero ¿no es precisamente su naturaleza popular lo que justifica su plena integración en las políticas públicas?
Las autoridades culturales suizas suelen hablar de inclusión, diversidad y participación ciudadana. El humor podría ser el vehículo ideal para conectar con públicos difíciles, aquellos que no frecuentan teatros, museos o cines. Podría ser el instrumento perfecto para fomentar la cohesión social y construir una identidad nacional compartida.
Una disciplina con entidad propia
Si Suiza busca ampliar su política cultural más allá de los círculos tradicionales, un primer paso podría ser reconocer explícitamente el humor, considerándolo una disciplina artística con sus propios códigos y necesidades, y no simplemente un subgénero del teatro. Este reconocimiento no sería solo simbólico, sino que abriría la puerta a presupuestos específicos, programas piloto e indicadores estadísticos.
La Suiza romanda ha visto surgir numerosas pequeñas salas de humor, escenarios abiertos y festivales, pero los honorarios de los artistas a menudo no son suficientes para financiar la creación o el desarrollo de nuevos formatos. Los humoristas que atraen a un público amplio reciben, en muchos casos, encargos de las radios y televisiones públicas, lo que puede considerarse una forma de subvención indirecta. Sin embargo, esta ayuda no llega a todos y no es suficiente para impulsar formas más experimentales.
Sería beneficioso para Suiza crear becas para la escritura humorística, residencias para artistas de stand-up comedy o programas de apoyo específicos para los pequeños clubes de comedia. Sobre todo, sería crucial reconsiderar el humor, sacándolo de la categoría de “entretenimiento” para integrarlo plenamente en el ámbito de la cultura.
