Un avance científico desarrollado en Estados Unidos permite que el cuerpo produzca sus propias células anti-cáncer directamente en el sitio del tumor, eliminando crecimiento maligno en ratones en tan solo dos semanas. Este enfoque, conocido como terapia in situ, promete reducir significativamente los costos y los tiempos de espera asociados con los tratamientos convencionales contra el cáncer, al aprovechar la capacidad natural del organismo para generar una respuesta inmune específica contra las células tumorales. Aunque los resultados son preliminares y se obtuvieron en modelos animales, los investigadores destacan su potencial para transformar el abordaje oncológico en el futuro.
Una reciente encuesta realizada por FERTILIZAR Asociación Civil revela que el 25% de los productores ganaderos no fertiliza nunca sus pasturas perennes, mientras que alrededor del 50% lo hace únicamente durante el año de implantación. Esta situación, en un contexto de dinamismo en el mercado ganadero, plantea la necesidad de reconsiderar las estrategias de fertilización para optimizar la producción.
La nutrición adecuada de las pasturas es fundamental para la producción forrajera y, por ende, para la rentabilidad de los sistemas ganaderos. Un suelo bien nutrido no solo incrementa la cantidad de pasto producido, sino que también asegura una producción más estable a lo largo del tiempo, con una composición de especies adecuada y un uso eficiente de recursos esenciales como el agua y la radiación solar. Sin embargo, este aspecto suele ser subestimado en muchas explotaciones.
Según Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR, “la falta de reposición de nutrientes compromete la persistencia y el potencial productivo de las pasturas, generando sistemas pastoriles que se degradan rápidamente y rinden por debajo de su capacidad”. Además, se ha observado una pérdida generalizada de nutrientes en diversas regiones del país (Sainz Rosas et al., 2025), debido a un desequilibrio entre la extracción y la reposición, lo que afecta directamente la producción de forraje. Este desbalance es aún mayor en sistemas de corte y extracción de pasto, impactando negativamente en nutrientes como el calcio, el magnesio y el potasio.
Nutrientes clave para el desarrollo de las pasturas
El nitrógeno (N) es el nutriente que más influye en la producción de biomasa, especialmente en las gramíneas. Su disponibilidad determina la tasa de crecimiento, la velocidad de rebrote después del pastoreo y el contenido proteico del forraje. En pasturas de gramíneas puras o mezclas con baja proporción de leguminosas, el manejo del nitrógeno es crucial para maximizar la producción.
El fósforo (P), por su parte, es a menudo el nutriente limitante en pasturas templadas de la Región Pampeana. Un nivel adecuado de fósforo favorece el establecimiento, el desarrollo radicular, el macollaje y la eficiencia en el uso del agua y la radiación. Además, es esencial para mantener la presencia de leguminosas, que aportan nitrógeno y, por lo tanto, proteínas a la dieta animal, actuando como un motor biológico del sistema.
Ciarlo enfatiza que “cuando el fósforo escasea, las leguminosas pierden competitividad, lo que reduce significativamente la productividad y calidad del forraje. Aunque pueda parecer complejo, el fósforo mejora el rendimiento de las leguminosas que fijan el nitrógeno, convirtiéndolas en una fuente importante de proteínas para los animales”.
El azufre (S), a menudo pasado por alto, también juega un papel fundamental tanto en la cantidad como en la calidad del forraje producido. Está directamente relacionado con la síntesis de proteínas y la eficiencia en el uso del nitrógeno. La deficiencia de azufre limita la respuesta a la fertilización nitrogenada y disminuye el valor nutritivo del pasto, incluso si otros nutrientes están presentes en cantidades adecuadas.
El desafío de los pastizales naturales
La baja adopción de la fertilización contrasta con la importancia de los pastizales naturales, una fuente crucial de forraje en amplias zonas ganaderas del país. En más del 90% de los casos, estos ambientes no reciben aplicaciones de nutrientes, lo que representa una oportunidad perdida para mejorar su productividad, calidad y estabilidad mediante intervenciones estratégicas y rentables.
El aumento de los precios de la carne, la mejora en la relación costo-beneficio de los insumos y la creciente inversión en genética del ganado crean un escenario propicio para aumentar el uso de tecnología y fertilizantes en las pasturas.
No diagnosticar correctamente la disponibilidad de nutrientes en el suelo y no ajustar las dosis de fertilización implica renunciar a una parte importante de la rentabilidad potencial, que a menudo se encuentra “oculta” en el crecimiento de las pasturas y verdeos. “Medir, diagnosticar y nutrir de manera equilibrada son las vías más directas para transformar los recursos en forraje, y el forraje en kilos de carne y litros de leche”, concluye Ciarlo.
Un nuevo estudio revela que los mapas genéticos están basados principalmente en el ADN de personas con ascendencia europea, lo que impide a los científicos identificar miles de fragmentos de ARN no europeos.
Para comprender qué es un mapa genético, es necesario un poco de información básica. Para una célula, el ADN es como una biblioteca: un lugar al que se acude para obtener información. Los genes son fragmentos específicos de ADN asociados a una función o característica, como un libro dentro de la biblioteca. Cuando un gen se “lee”, se produce un transcrito de ARN, una especie de “copia”. Esta copia se utiliza posteriormente para crear una proteína que realiza una tarea específica.
Si comparáramos tu ADN con el de otra persona, la coincidencia sería del 99,9%. El 0,1% restante es lo que varía. Estas diferencias se deben a factores como el origen étnico, la ascendencia y el azar.
Lagunas en el conocimiento
Como resultado, las diferencias en el ADN pueden conducir a ligeras variaciones en los transcritos de ARN y las proteínas. Los mapas genéticos ayudan a los científicos a comprender qué transcritos de ARN existen y qué variaciones los causan. No describen tanto los “libros” que hay en la “biblioteca de ADN”, sino cómo se utilizan esos libros. Esto permite a los médicos e investigadores identificar qué variantes proteicas pueden estar implicadas en el desarrollo de una enfermedad.
La noticia es que los mapas genéticos actuales carecen de información importante, ya que se basan principalmente en el ADN de personas de origen europeo. Esto podría llevar a los investigadores a tener una visión distorsionada de cómo se desarrollan ciertas enfermedades en poblaciones no europeas. El estudio ha sido publicado en Nature Communications.
Roderic Guigó, miembro del equipo, explica: “La mayor parte de la investigación genética se ha realizado en personas de ascendencia europea. Esto significa que los mapas genéticos carecen de transcritos de ARN que solo se encuentran en poblaciones no europeas. Actualmente, asumimos que si un transcrito de ARN no está presente, no tiene ningún efecto. A veces, esta suposición es incorrecta”.
Células sanguíneas
Para el estudio, el equipo analizó las células sanguíneas de 43 personas de ocho poblaciones diferentes: Yoruba (Nigeria), Luhya (Kenia), Mbuti (Congo), Han chinos, Telugu indios, peruanos, judíos asquenazíes y europeos de Utah. El ADN de estas personas ya había sido cartografiado como parte del Proyecto de los 1000 Genomas.
El equipo no analizó directamente el ADN, sino los transcritos de ARN. Utilizaron una técnica llamada secuenciación de ARN de lectura larga, que puede leer un transcrito de ARN completo de una sola vez. Las técnicas más antiguas solo leían pequeños fragmentos a la vez, lo que dificultaba la obtención de una visión completa del transcrito y la detección de muchas variantes.
Con la nueva técnica, los investigadores encontraron aproximadamente 41.000 transcritos de ARN que no estaban en los mapas genéticos oficiales de GENCODE. Al analizar los datos por grupo de población, observaron un patrón claro: en los grupos no europeos encontraron muchos más transcritos de ARN nuevos y no descritos que en los grupos europeos.
Nuevas pistas
Al añadir los nuevos transcritos de ARN a los mapas genéticos existentes, los investigadores observaron que muchos de ellos procedían de genes relacionados con enfermedades autoinmunes y con el metabolismo. Los transcritos de ARN añadidos revelan así nuevas pistas científicas que antes estaban ocultas. A veces, parece que no hay diferencias biológicas en el desarrollo de una enfermedad entre diferentes grupos, cuando en realidad sí las hay.
Los investigadores subrayan que su trabajo es solo un primer paso. Solo analizaron un tipo de célula de un tejido (sangre) y a 43 personas. Gran parte del mundo aún no está representado, y tampoco se ha investigado otro tejido humano. Los investigadores quieren cartografiar todos estos datos.
Esta es una tarea titánica: a pesar de que el estudio fue relativamente pequeño, el análisis final generó más de diez terabytes de datos. El objetivo final es claro: desarrollar un mapa genético lo más completo posible.
Hemos escrito anteriormente sobre este tema, puedes leer, por ejemplo, ecDNA aparece temprano en el desarrollo de un glioblastoma y El ARN más antiguo jamás encontrado de un mamut lanudo: así es como el joven Yuka llegó a su fin hace 40.000 años. O lee este artículo: La impulsividad está en tus genes y, lamentablemente, está relacionada con una variedad de riesgos para la salud.
