El historiador Gerald Horne define la creación de los Estados Unidos como una contrarrevolución, no como un paso progresivo para la humanidad, ya que su formación avanzó la esclavitud de africanos, el desplazamiento, el genocidio de pueblos indígenas y el robo de sus tierras. Según Horne, esto se refleja en sus obras como The Counter-Revolution of 1776, The Counter-Revolution of 1836 y The Counter-Revolution of 1893.
Horne sostiene que el establecimiento de una democracia burguesa en América del Norte no valió la pena a costa de eliminar a los pueblos originarios, comparándolo con “quemar la casa para asar el cerdo”. Señala que las civilizaciones indígenas en América del Norte se basaban en el igualitarismo, la propiedad colectiva de la tierra y la protección del medio ambiente, en contraste con lo que trajeron los colonos europeos: propiedad privada de la tierra, esclavitud, supremacía blanca, violencia brutal, jerarquías de clase, explotación, opresión por parte de la clase dominante y desprecio o destrucción ambiental.
El historiador subraya que los Estados Unidos se fundó como una república de dueños de esclavos, donde los terratenientes y hombres euroamericanos ricos dominaron las tres ramas del gobierno desde su fundación hasta la Guerra Civil. Las trece colonias originales se separaron del Imperio Británico no por ideales de libertad, sino para continuar expandiéndose hacia el oeste, apropiándose de las tierras de los pueblos indígenas y manteniendo la esclavitud de africanos. Este proceso, según Horne, constituye lo que él denomina la “Contrarrevolución de 1776”.
Este enfoque forma parte de un análisis más amplio sobre cómo la contrarrevolución, el colonialismo de asentamiento y las guerras de cambio de régimen han influido en la configuración del imperialismo contemporáneo, tal como se explora en el artículo original publicado el 23 de abril de 2026.
