El misterioso origen de la cometa interestelar 3I/ATLAS: científicos rastrean su posible sistema natal
Desde su descubrimiento en 2019, la cometa 3I/ATLAS —el segundo objeto interestelar confirmado en visitar nuestro sistema solar— ha fascinado a astrónomos por su composición única y su trayectoria proveniente de las profundidades del espacio. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha logrado identificar pistas clave sobre su lugar de nacimiento, revelando un pasado vinculado a un sistema estelar frío y distante.
Según un estudio publicado en la revista Nature Astronomy y citado por fuentes científicas, el análisis espectroscópico de la cometa sugiere que se formó en un entorno extremadamente gélido, probablemente en las afueras de un sistema planetario joven. «El bajo contenido de monóxido de carbono (CO) y la presencia de compuestos orgánicos complejos en su coma indican que 3I/ATLAS se originó en una región donde las temperaturas rondaban los -250 °C», explicó el Dr. Martin Cordiner, astrofísico del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y coautor de la investigación.
Un visitante de las sombras estelares
A diferencia del primer objeto interestelar conocido, ‘Oumuamua, que carecía de actividad cometaria, 3I/ATLAS exhibe una cola de polvo y gas, lo que permitió a los científicos estudiar su composición química con mayor detalle. Los datos recopilados por el Telescopio Espacial Hubble y el Observatorio ALMA en Chile revelaron que la proporción de isótopos de carbono y nitrógeno en la cometa es distinta a la observada en objetos del sistema solar, reforzando su origen extrasolar.
«Estas firmas químicas son como huellas dactilares que nos permiten reconstruir el entorno donde se formó 3I/ATLAS», señaló la Dra. Stefanie Milam, científica planetaria de la NASA. «La baja abundancia de CO sugiere que la cometa nunca estuvo expuesta a temperaturas superiores a -200 °C, lo que descarta regiones cercanas a su estrella madre».
¿Un mensajero de sistemas planetarios en formación?
Los modelos teóricos desarrollados por el equipo apuntan a que 3I/ATLAS podría provenir de un cinturón de Kuiper análogo al de nuestro sistema solar, pero ubicado en un sistema estelar joven y frío. Este escenario coincide con hallazgos recientes que vinculan objetos interestelares con la etapa temprana de formación planetaria, donde cuerpos helados son expulsados de sus sistemas originales por interacciones gravitacionales.
Un estudio paralelo publicado en Astrophysical Journal Letters propone que cometas como 3I/ATLAS podrían actuar como «semillas» para la formación de planetas en otros sistemas, transportando agua y moléculas orgánicas a discos protoplanetarios. «Si esta hipótesis se confirma, estaríamos ante una pieza clave para entender cómo se distribuyen los ingredientes de la vida en la galaxia», comentó el Dr. Alan Fitzsimmons, astrónomo de la Universidad de Queen’s en Belfast.
NASA intensifica su vigilancia tras detectar señales de radio
En un giro inesperado, la NASA anunció el refuerzo de su red de monitoreo de objetos cercanos a la Tierra (NEO) tras captar emisiones de radiofrecuencia provenientes de 3I/ATLAS durante su paso por el perihelio en marzo de 2026. Aunque la agencia aclaró que las señales no tienen origen artificial, su detección ha abierto nuevas líneas de investigación sobre la interacción entre cometas interestelares y el viento solar.

«Las ondas de radio podrían estar relacionadas con la sublimación de hielo de monóxido de carbono o con la liberación de partículas cargadas al espacio», explicó el Dr. Joseph Lazio, radioastrónomo del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL). «Este fenómeno nos ofrece una oportunidad única para estudiar la física de los cometas en condiciones extremas».
Actualmente, 3I/ATLAS se aleja del sistema solar a una velocidad de 32 km/s, pero los datos recopilados durante su breve visita seguirán siendo analizados durante años. Mientras tanto, los astrónomos ya preparan la próxima generación de telescopios, como el Observatorio Vera C. Rubin, para detectar más objetos interestelares y desentrañar los secretos que guardan sobre nuestros vecinos cósmicos.
