Tres regímenes alimenticios saludables son recomendados por investigadores para reducir el riesgo cardiovascular. Además, la actividad física juega un papel clave en la prevención de enfermedades del corazón y otros trastornos metabólicos.
longévité
En Okinawa, cada tarde alrededor de las 3 de la tarde, se repiten las mismas escenas: las vecinas dejan sus cestas, se quitan el polvo de las manos y cruzan la calle con una taza. Entran en casa de una de ellas y pronto se escuchan risas. A primera vista, nada extraordinario, solo una cita inmutable entre amigas. Este ritual tiene un nombre, profundamente arraigado en el archipiélago: el moai. Y detrás de su simplicidad, se esconde una poderosa herramienta para la longevidad.
Las Zonas Azules fascinan por su excepcional número de centenarios. Se piensa en la jardinería, el tofu, el ikigai, los genes protectores. Pero el núcleo de la historia, a menudo subestimado, reside en los vínculos cotidianos que estructuran el día. En Okinawa, esta red social se mantiene firme, especialmente entre las mujeres. El verdadero punto de inflexión no se encuentra en el plato, sino a la hora del té.
Vínculos sociales y longevidad: lo que dice la ciencia
Las cifras son claras. Un metaanálisis que recopila 148 estudios y 308.849 personas seguidas durante una media de 7,5 años, muestra una probabilidad de supervivencia aumentada del 50% en aquellos con relaciones sociales más fuertes. El efecto se extiende a todas las edades, sexos y causas de muerte. Especialmente, cuando la integración social se mide de forma multidimensional, la ganancia asciende al 91%. Una magnitud que rivaliza con dejar de fumar y supera la obesidad o la inactividad.
Una traducción concreta para un moai: frecuencia de los contactos, compromiso recíproco, ayuda práctica y emocional. Por el contrario, el aislamiento social afecta gravemente a la salud, mucho más que el simple hecho de “vivir solo”. Los datos recuerdan que una red viva protege a largo plazo. Y que un ritual compartido, repetido, vale más que una gran cena ocasional. Es ahí donde la rutina de las 3 de la tarde cobra todo su sentido.
¿Por qué las 15:00 y un moai actúan sobre el cuerpo?
El mediodía corresponde a un punto bajo circadiano: disminución de la energía, la vigilancia, los antojos de azúcar y los pensamientos recurrentes. Este momento frágil amplifica la soledad. Una cita a las 15:00 corta de raíz las rumiaciones y, sobre todo, establece un punto de referencia en el día. Se sabe que alguien te espera, que cuentas para alguien. Este pequeño detalle estructura el estado de ánimo y la regularidad, dos ingredientes clave para aspirar a una vida muy larga.
A nivel biológico, los intercambios cálidos activan el nervio vago, aumentan la oxitocina (apego, seguridad) y disminuyen el cortisol (estrés). La tensión arterial disminuye, la inflamación sistémica retrocede, lo que protege nuestros tejidos del envejecimiento prematuro. Repita estos microefectos cientos de veces al año, durante décadas: las estadísticas de supervivencia se desplazan, tal como demuestran los grandes estudios. El moai encarna esta mecánica acumulativa.
¿Cómo iniciar tu moai a las 15:00 en tu casa?
Comienza poco a poco: un núcleo de 2 a 4 mujeres cercanas geográficamente, un horario fijo a las 15:00, una duración corta (unos 45 minutos). Nada de pretensiones culinarias, solo una bebida caliente y las noticias del día. Rota los lugares para aligerar la carga. Establece una regla simple, increíblemente eficaz: cero quejas médicas durante el horario, para evitar la espiral de dolencias y priorizar los recuerdos, los proyectos y las anécdotas que hacen sonreír.
Un ejemplo sencillo: en un barrio periférico, cuatro vecinas han instaurado el “té de las 15:00”. En unas pocas semanas, una de ellas atraviesa un momento difícil, detectado inmediatamente por el grupo, que se organiza para llamarla, caminar con ella, ayudarla con un recado. Resultado: una red de seguridad emocional que perdura. Nada exótico ni costoso. Solo una rutina amistosa, a una hora fija, que protege el día a día y, a largo plazo, cambia la trayectoria de la salud.
Diversos estudios ya han evidenciado una relación entre la obesidad y las enfermedades crónicas, como la diabetes o los trastornos cardiovasculares. Ahora, una nueva investigación del University College de Londres, publicada en The Lancet, añade un nuevo riesgo a esta ya extensa lista. Según los investigadores británicos, las personas obesas presentan un riesgo de hospitalización o fallecimiento relacionado con una infección un 70% mayor que las personas con un peso normal.
«La obesidad es un factor de riesgo conocido del síndrome metabólico, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y muchas otras afecciones crónicas. Hemos encontrado evidencia sólida de que la obesidad también está relacionada con una evolución más desfavorable de las enfermedades infecciosas, ya que las personas obesas son significativamente más propensas a desarrollar una forma grave de una infección», explica el Dr. Mika Kivimaki, autor principal del estudio.
La obesidad es responsable del 10% de las muertes por enfermedades infecciosas
El equipo internacional de investigadores utilizó cohortes médicas de Gran Bretaña y Finlandia para comparar el destino de personas con un índice de masa corporal (IMC) de 30 o más, clasificadas como obesas, con el de personas en un rango de peso «saludable» (con un IMC de 18,5-24,9). Los resultados muestran que, una vez que se produce una infección, una persona obesa tiene un mayor riesgo de terminar en el hospital o de fallecer, independientemente de la causa infecciosa. Y cuanto mayor es el IMC, mayor es el riesgo de muerte: las personas con un IMC muy elevado (≥ 40) pueden tener hasta tres veces más riesgo de fallecer a causa de una infección que las personas con un IMC normal.
Según los investigadores, la obesidad participa actualmente en alrededor del 10% de las muertes relacionadas con enfermedades infecciosas en todo el mundo, lo que representa aproximadamente 600.000 muertes relacionadas con el sobrepeso de los 5,4 millones de fallecimientos causados por infecciones.
¿Por qué este mayor riesgo de muerte?
Los mecanismos aún no se han elucidado por completo, pero, según una primera hipótesis, el exceso de tejido adiposo estaría asociado a una inflamación crónica, anomalías metabólicas y una respuesta inmunitaria menor, todos factores que pueden hacer que el organismo sea menos apto para combatir las infecciones.
Otra línea de investigación apunta a que la mecánica respiratoria suele ser peor en personas obesas (como se observó durante la pandemia de Covid-19), lo que puede agravar infecciones como la gripe o la neumonía.
Fuente: Adult obesity and risk of severe infections: a multicohort study with global burden estimates, The Lancet, febrero de 2026
A menudo buscamos el secreto de la juventud eterna. Sin embargo, en las llamadas zonas azules – Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia) e Ikaria (Grecia) – las personas superan los 100 años sin recurrir a tecnologías futuristas ni suplementos milagrosos. Su alimentación se basa en comidas sencillas, tradicionales y accesibles, y un alimento en particular destaca por su presencia constante y su bajo costo.
La base de su dieta es una gran cantidad de vegetales, cereales y legumbres, con un consumo limitado de productos ultraprocesados y carne roja. Los investigadores describen estas costumbres como tradiciones alimentarias, más que como dietas de moda, y lo más importante es que son asequibles para todos. La clave para una vida larga y saludable podría estar más cerca de lo que pensamos.
Legumbres: el alimento de 2€ que consumen los centenarios a diario
Este “pequeño alimento” tan beneficioso tiene un nombre muy común: las legumbres. Lentejas, garbanzos, frijoles secos, guisantes partidos… son estos alimentos los que se encuentran día tras día en la dieta de los centenarios. Los estudios observacionales indican que consumen alrededor de ½ taza cocida al día. En cuanto al presupuesto, se trata de un alimento muy económico: las lentejas verdes rondan los 2-3€ el kilo, y los paquetes de 500g suelen costar entre 1,8 y 2,7€ en los supermercados.
Esta recomendación coincide con las directrices de la ANSES (Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Francia), que promueve un consumo regular y aumentado de legumbres, combinadas con cereales integrales. En las dietas de las personas longevas, estos alimentos reemplazan una parte de la carne, sin complicaciones ni gastos excesivos.
¿Por qué las legumbres contribuyen a la longevidad y al metabolismo?
En primer lugar, ofrecen un “combustible lento”. Ricas en fibra y almidón resistente, las legumbres se digieren lentamente y estabilizan la glucemia. Esto se traduce en menos picos de insulina, menos antojos y una energía más constante a lo largo del día. A diferencia de los almidones refinados, sacian sin aumentar significativamente la ingesta calórica.
Otro beneficio importante es su impacto en el microbiota intestinal. La fibra fermentable nutre a las bacterias beneficiosas que producen ácidos grasos de cadena corta, conocidos por reducir la inflamación crónica. Este efecto es crucial para la salud del corazón, el hígado y el control del peso. Además, las legumbres aportan proteínas vegetales, hierro no hemo, magnesio y antioxidantes, todos ellos importantes para un envejecimiento saludable.
¿Cómo incorporarlas a tu dieta diaria sin molestias y por solo 2€?
No es necesario apresurarse. Comienza con pequeñas porciones y, si todo va bien, intenta alcanzar la famosa ½ taza cocida al día. Un paquete seco de alrededor de 2€ puede preparar varias comidas completas, especialmente si se combinan con arroz, trigo o maíz.
- Remojo de 12 horas para frijoles y garbanzos, cambiando el agua, para reducir ciertos factores antinutricionales.
- Cocción: comenzar con agua fría, sin sal; salar solo al final para obtener una textura tierna.
- Bicarbonato de sodio (1 cucharadita) en el agua de remojo o cocción para reducir los gases y disminuir el tiempo de cocción en aproximadamente un 20%.
- Combinación con cereales: arroz o pan integral con lentejas, garbanzos o frijoles para obtener una proteína completa y saciante.
- Opción rápida: versiones enlatadas precocidas, bien enjuagadas, ideales para ensaladas, hummus o dahl rápidos.
Un consejo culinario: las hierbas aromáticas digestivas (laurel, comino, jengibre) y un chorrito de aceite de oliva al final de la cocción realzan el sabor de cualquier plato. Si la tolerancia es baja, espacia las ingestas, mastica bien y aumenta la frecuencia gradualmente. Es un gesto sencillo, con un gran potencial de beneficio y un impacto mínimo en tu presupuesto.
¿En qué medida es hereditaria la duración de la vida humana? Hasta ahora, los científicos estimaban que la herencia genética (mutaciones genéticas, enfermedades relacionadas con el envejecimiento…) jugaba un papel relativamente pequeño en la mortalidad, y que otros factores de mortalidad (violencia, accidentes, infecciones, etc.) eran preponderantes.
¿Un papel mínimo de los genes? ¿De verdad?
Estudios recientes sobre el tema muestran que el peso de los genes en la esperanza de vida es de alrededor del 20-25%, e incluso de solo el 6%, según algunos científicos que han realizado estudios a gran escala.
Pero un nuevo estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, cambia las reglas del juego al presentar una visión totalmente diferente de la influencia de los genes.
Para llegar a esta conclusión, los autores, científicos del Instituto Weizmann, ubicado en Rehovot, Israel, utilizaron tres grandes bases de datos procedentes del seguimiento durante más de un siglo de cohortes de gemelos escandinavos (daneses y suecos). Todos los pares de gemelos eran genéticamente similares (gemelos idénticos). Los datos incluían los del estudio Satsa (Swedish Adoption/Twin Study of Aging), en el que los gemelos habían sido criados por separado, lo que permitió aislar los factores de estilo de vida de los factores genéticos, algo inédito en este tipo de estudios.
Resultado: la genética explica más del 50% de la variación en la duración de la vida humana, es decir, el doble, o incluso más, de lo que se pensaba anteriormente. ¿Cómo llegaron los investigadores a esta cifra?
Gracias al uso de cohortes de gemelos, especialmente de gemelos que habían sido criados por separado, los investigadores israelíes lograron demostrar cómo la mortalidad extrínseca “enmascaraba” las correlaciones entre sus duraciones de vida. © Science (2026)
¿Estimaciones hasta ahora falseadas?
Mediante modelos matemáticos, lograron demostrar que las estimaciones anteriores sobre la heredabilidad genética de la esperanza de vida estaban enmascaradas por altos niveles de “mortalidad extrínseca” (fuera de los factores genéticos), incluyendo muertes causadas por accidentes, infecciones y riesgos ambientales. Hasta ahora, ningún científico había podido aislar los factores de mortalidad extrínseca de la mortalidad “intrínseca” (genética), debido a que los datos utilizados no proporcionaban información sobre las causas de las muertes.
Para superar este obstáculo, los autores del estudio de Science desarrollaron un marco innovador que incluye una simulación matemática de “gemelos virtuales” para separar las muertes debidas al envejecimiento biológico de las causadas por factores extrínsecos. Su conclusión: a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando estas cohortes nacieron, las causas extrínsecas jugaban un papel importante en la mortalidad, pero una vez excluidas, la longevidad parece ser hereditaria en un 50%, como muchos otros rasgos.
Los científicos también constataron que sus resultados eran coherentes con la heredabilidad de otros rasgos humanos complejos y con la heredabilidad de la duración de la vida en otras especies, lo que confirma la fiabilidad de sus resultados.
¿Hacia tratamientos personalizados para alargar la esperanza de vida?
“Durante muchos años, se ha pensado que la duración de la vida humana estaba casi totalmente determinada por factores no genéticos, lo que ha llevado a un considerable escepticismo sobre el papel de la genética en el envejecimiento y la posibilidad de identificar los determinantes genéticos de la longevidad”, explica Ben Shenhar, el principal autor, investigador del departamento de biología celular molecular del Instituto Weizmann. “Sin embargo, si la heredabilidad es alta, como hemos demostrado, esto incita a buscar variantes genéticas que prolonguen la duración de la vida, para comprender la biología del envejecimiento y, eventualmente, tratarlo terapéuticamente.”
Si se identifican “genes de la longevidad”, sería posible comprender los mecanismos del envejecimiento y, por lo tanto, mejorar la medicina y la salud pública, gracias a tratamientos personalizados para mejorar la longevidad.
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La edad cronológica de una persona se mide con el tiempo transcurrido, mientras que su edad biológica está relacionada con el estado de su metabolismo, el cual puede verse influenciado por el estilo de vida y las decisiones personales.
Los hábitos de sueño, la alimentación, la exposición a la contaminación y la actividad física pueden afectar esta edad biológica. Aunque no existe un consenso científico ni un método oficialmente reconocido para medirla, muchos médicos afirman haber logrado ralentizar su propio envejecimiento biológico. El Dr. Michael Roizen, anestesiólogo y director de bienestar de la Clínica Cleveland en Ohio, Estados Unidos, asegura haber reducido su edad biológica en 20 años, situándola en 57,6 años. Comparte sus consejos alimenticios con Business Insider.
1/ Priorice alimentos integrales como frutas, verduras, legumbres, proteínas y productos lácteos bajos en grasa
La dieta mediterránea, también conocida como dieta cretense, se inspira en los hábitos alimenticios de las poblaciones mediterráneas. Esta dieta a menudo se asocia con la idea de compartir comidas en familia o con amigos, disfrutando de los platos en un ambiente relajado.
Los investigadores elogian regularmente los numerosos beneficios de esta dieta para la salud. Se la reconoce por fortalecer el sistema inmunológico y el corazón, al tiempo que reduce los riesgos de diabetes tipo 2, obesidad y colesterol alto.
Esta dieta prioriza los alimentos integrales como frutas, verduras, legumbres, proteínas y productos lácteos bajos en grasa, limitando al mismo tiempo el consumo de carne roja, alimentos procesados y alcohol. Para el Dr. Roizen, sus principales fuentes de proteínas animales son la trucha y el salmón, ricos en vitamina D y ácidos grasos omega-3.
2/ Coma una comida abundante en el desayuno y ligera en la cena
Seguramente conozca el dicho que dice «desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un pobre». El Dr. Roizen, por su parte, come como un rey al mediodía y como un pobre en la cena. Numerosos estudios han demostrado que el metabolismo es más alto por la mañana. El proceso de gasto energético de la digestión sería más importante a primera hora del día, donde se quemarían más calorías. En las recomendaciones oficiales, a menudo se escucha que el desayuno debe representar el 25% de la ingesta calórica total de un día, el almuerzo el 40-45%, el refrigerio, cuando lo haya, el 5% y la cena el 25-30%.
De hecho, cenar ligeramente favorece la digestión y permite un mejor descanso nocturno. “Aligerar la cena asegura un mejor sueño. Ahora bien, cuando se carece de sueño, se secreta una hormona llamada ghrelina que abre el apetito y, por lo tanto, las ganas de comer. Por lo tanto, cuanto más se come ligero, pero equilibrado, porque no se trata de eliminar esta comida, mejor se dormirá”, explicaba el médico nutricionista Laurent Chevallier en un artículo de Top Santé publicado en 2021. “Además, una mejor calidad del sueño sigue siendo la garantía de la ausencia de antojos o de pérdida de control alimentario”.
¿El menú ideal para la cena? “Una porción de proteínas animales o vegetales (100 a 150 g) con verduras, un almidón o legumbres en pequeña cantidad, un yogur y una fruta fresca o en compota, y tenemos una cena ligera pero consistente que no le hará ganar peso”, aconseja el nutricionista. Siempre y cuando se mantenga la moderación en las cantidades y se eviten las grasas malas con alimentos fritos, por ejemplo.
3/ Imite los efectos del ayuno 5 días al mes
Durante siete años, además de los hábitos mencionados anteriormente, el Dr. Roizen también ha seguido el régimen de longevidad desarrollado por Valter Longo, profesor de gerontología y director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California (Estados Unidos), que consiste en restringir las calorías cinco días al mes para imitar los efectos del ayuno. Esta dieta de cinco días tolera la ingesta calórica, pero esta última debe reducirse a la mitad para estar por debajo de las 1000 calorías por día. Por lo tanto, debe consistir en verduras (brócoli, tomates, zanahorias, calabaza…) y frutos secos, y puede distribuirse en tres comidas o dos a las que se añadiría un refrigerio.
Según investigaciones realizadas por Valter Longo, los participantes sometidos a su régimen tendrían una edad biológica inferior en 2 años y medio en promedio después de tres meses de dieta. En detalle, durante el estudio, consumieron alrededor de 1000 calorías el primer día y alrededor de 700 calorías del segundo al quinto día.
4/ Haga sus comidas entre las 11 a.m. y las 7 p.m.
Diariamente, el Dr. Roizen practica el ayuno intermitente comiendo solo entre las 11 a.m. y las 7 p.m. Si bien los datos sobre el impacto del ayuno intermitente a veces son contradictorios, ya que la comunidad médica aún no ha logrado ponerse de acuerdo sobre el tema, el médico dice que disfruta siguiendo este protocolo. “Al final de este período de 16 horas, me siento en plena forma y con mucha energía. Duermo mucho mejor y siento que tengo mucha más energía”.
Consejos adicionales
En abril, otro médico estadounidense, el Dr. Mark Hyman, autor del libro Young Forever, compartió sus consejos para la longevidad con la prensa. Afirmando tener una edad biológica de 40 años a pesar de tener 64, declaró que comenzaba su día con una sesión de meditación de 20 minutos (después de despertarse a las 6 a.m.), antes de beber un café y desayunar. También explicó que seguía una rutina de entrenamiento de fuerza que le había ayudado a superar sus dolores de espalda y desarrollar sus músculos. Finalmente, insistió en la importancia de su desayuno, que consistía en bayas, semillas de chía y cáñamo.
