El Producto Bruto Interno (PBI) argentino registraría un crecimiento anual de entre el 4,0% y el 4,5% en 2025, impulsado por la inercia del año anterior y el desempeño positivo de algunos sectores, aunque el crecimiento se mantendría heterogéneo.
Las perspectivas para 2026 apuntan a una mejora sustancial en el crecimiento económico, favorecidas por una cosecha récord y un aumento en las exportaciones de energía. Esto podría llevar a alcanzar un máximo histórico en las exportaciones, superando los u$s100.000 millones.
Se prevé que las importaciones no crecerán al mismo ritmo que las exportaciones, dado el elevado stock de mercaderías adquiridas en el exterior y la falta de demanda interna suficiente para generar nuevos pedidos.
El año 2026 marcaría el segundo año consecutivo de expansión económica bajo la administración de Javier Milei, lo que representaría una salida de la situación económica previa.
Desde 2011, la economía argentina ha enfrentado un límite al crecimiento, superado históricamente en años impares y revertido en años pares debido a las políticas de gasto público. Esta dinámica impidió superar el máximo crecimiento alcanzado en 2011, reflejo de una economía excesivamente dependiente del Estado y con escasa participación del sector privado.
La elevada presión tributaria y la falta de claridad en las condiciones económicas desincentivaron la inversión privada, promoviendo la fuga de capitales a través de la compra de dólares. Esta situación fue predominante entre 2011 y 2023.
Desde la asunción del actual gobierno, el sector público ha mostrado un superávit, el Banco Central se ha fortalecido, la inflación está en descenso y el tipo de cambio se ha estabilizado. Estas condiciones favorables podrían atraer una importante entrada de capitales en 2026, permitiendo superar la denominada “maldición de los años pares”, romper el techo de crecimiento del PBI establecido en 2011 e iniciar una nueva etapa de expansión para el país.
Perspectivas para el dólar y el riesgo país en 2026
En febrero, el Gobierno deberá retomar las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el tema central de la acumulación de reservas. Las compras de dólares por parte del Tesoro se destinan al pago de intereses de la deuda, por lo que no constituyen una verdadera acumulación de reservas. Para lograrlo, se requiere un superávit financiero significativo o que el Banco Central adquiera dólares mediante la emisión monetaria, siempre y cuando esta sea demandada por el mercado sin generar presiones inflacionarias.
Para que la compra de dólares con emisión monetaria no distorsione los precios, es fundamental que existan ingresos abundantes de divisas provenientes de un saldo positivo en la cuenta corriente de la balanza de pagos, lo que implicaría un balance comercial favorable.
También sería beneficioso que la compra de dólares se financie con una fuerte entrada de inversión extranjera directa o con la toma de deuda por parte de privados para financiar proyectos de inversión locales. No sería aconsejable que estas compras se financien con recursos del sector público, un compromiso asumido por el propio gobierno.
Considerando una proyección de crecimiento económico para 2026 superior al 4,5% – 5,0%, se espera que el proceso de acumulación de reservas se desarrolle sin mayores inconvenientes y que no impulse al alza la tasa de inflación. El consenso del mercado anticipa una inflación anual en torno al 22,1%, mientras que la devaluación podría situarse en el 19,7%, lo que resultaría en una inflación en dólares del 2,0% anual (datos del relevamiento de expectativas del mercado para los próximos 12 meses).
En este escenario, el dólar mayorista podría alcanzar los $1.735 para noviembre de 2026, ubicándose dentro de la banda de intervención.
Cada compra de dólares por parte del Banco Central con emisión de pesos incrementará las reservas en el activo y la base monetaria en el pasivo, generando un efecto neutro sobre el patrimonio. Sin embargo, el mercado valora positivamente el aumento de las reservas, lo que podría contribuir a reducir la tasa de riesgo país.
De concretarse este escenario, no sería improbable que la tasa de riesgo país se ubique por debajo de los 400 puntos básicos para el segundo semestre de 2026, lo que impulsaría un aumento en los precios de los bonos y las acciones.
Potencial alza en bonos y acciones argentinas en 2026
A nivel internacional, se prevé una baja en las tasas de interés en 2026, especialmente en Estados Unidos. Será un año de volatilidad, marcado por las elecciones presidenciales en Brasil en octubre y las elecciones de medio término en Estados Unidos en noviembre.
Argentina podría cumplir con sus metas ante el FMI, acumular reservas y experimentar una reducción del riesgo país, gracias a una combinación de la caída de las tasas de interés a nivel global y el aumento de las reservas en el ámbito local.
En este contexto, 2026 se presenta como un año propicio para fuertes subas en los bonos y las acciones locales, con una inflación en descenso, tasas de interés reales positivas y un dólar estable que se deprecie a un ritmo inferior al de la inflación. Todas las señales apuntan al mercado de capitales como la mejor opción financiera para 2026.
