Investigadores de la Universidad de California en San Diego (UCSD) han demostrado en un estudio preclinical que nanopartículas de sílice ingenierizada pueden destruir tumores de próstata agresivos sin dañar tejidos sanos, según publica News-Medical basándose en los hallazgos presentados en la revista Nature Nanotechnology. El avance, validado en modelos animales, abre una nueva vía para el tratamiento del cáncer de próstata avanzado, una de las principales causas de muerte por cáncer en hombres.
¿Cómo actúan estas nanopartículas?
El equipo, liderado por el profesor Nadine Voelcker, desarrolló nanopartículas de sílice con una estructura porosa que permite cargar fármacos quimioterápicos. Según explicaron, estas partículas se acumulan selectivamente en las células tumorales de la próstata debido a su tamaño nanométrico (entre 100 y 200 nanómetros), que les permite atravesar la barrera endotelial del tumor. Una vez en el tejido canceroso, liberan el fármaco de manera controlada al ser activadas por la luz infrarroja cercana (NIR), un proceso que genera calor localizado y destruye las células malignas sin afectar los tejidos circundantes.
En pruebas con ratones portadores de tumores de próstata humanoides, los investigadores observaron una reducción del 90% en el volumen tumoral tras cuatro sesiones de tratamiento con las nanopartículas y exposición a luz NIR, sin efectos secundarios significativos en órganos como hígado, riñones o corazón. «Este enfoque combina la precisión de la nanotecnología con la eficacia de la quimioterapia, pero con un perfil de seguridad mucho más favorable», declaró Voelcker en un comunicado.
¿Por qué este hallazgo es relevante?
El cáncer de próstata representa el 15% de los nuevos casos de cáncer en hombres a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, los tratamientos convencionales —como la quimioterapia sistémica o la radioterapia— suelen generar efectos adversos graves, limitando su uso en etapas avanzadas. Las nanopartículas de sílice ingenierizada podrían superar estas limitaciones al ofrecer un tratamiento localizado, personalizable y con menor toxicidad, según destacan los autores del estudio.
Además, el método desarrollado en UCSD permite adaptar el tamaño y la carga de las nanopartículas según el tipo de tumor, lo que podría extender su aplicación a otros cánceres, como el de mama o pulmón, donde la precisión en el tratamiento es crítica. «Estamos ante una plataforma tecnológica, no solo un tratamiento para la próstata», aclaró Voelcker. «El siguiente paso es escalar los ensayos en modelos más complejos y, eventualmente, en humanos».
¿Qué sigue en la investigación?
Los investigadores ya han iniciado colaboraciones con el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU. (NCI) para evaluar la seguridad y eficacia de las nanopartículas en ensayos clínicos preliminares, un proceso que podría tomar entre 3 y 5 años. Mientras tanto, el equipo de UCSD trabaja en optimizar la producción a gran escala de las partículas, asegurando su estabilidad y biocompatibilidad.
En paralelo, otros grupos como los del Massachusetts Institute of Technology (MIT) exploran nanopartículas para delivery de fármacos, aunque con enfoques distintos, como el uso de liposomas o materiales poliméricos. Según un estudio publicado en Nature Communications en 2022, solo el 10% de las nanopartículas en desarrollo logran avanzar a fase clínica, lo que subraya el desafío técnico que enfrenta este campo. «La sílice tiene ventajas únicas: es biodegradable, no tóxica y permite cargas altas de fármacos», explicó la coautora Dr. Sarah Chen, bióloga molecular del proyecto.

Para los pacientes, este avance podría significar una reducción en los efectos secundarios actuales, como la caída del cabello o la mielosupresión asociada a la quimioterapia tradicional. Sin embargo, los expertos advierten que aún falta tiempo para que estas nanopartículas lleguen a la práctica clínica.
News-Medical destaca que, aunque prometedores, los resultados preclinicales deben replicarse en estudios con mayor número de muestras y diversidad genética antes de considerarse una opción terapéutica viable.

