La erosión costera causada por vehículos motorizados está generando preocupación en la región de Tokerau, Nueva Zelanda. Según Lelo Kapa-Kingi, representante de un grupo de guardianes locales (kaitiaki rōpū) que vigila 18 kilómetros de costa y ecosistemas de dunas, tanto motocicletas como vehículos de cuatro ruedas están destruyendo el delicado equilibrio de estos entornos.
Los daños incluyen la destrucción de la vida marina, como bancos de almejas (pipi beds) y tuatua, así como la alteración de los hábitats de aves costeras, reptiles como lagartijas y geckos, y el katipō, una especie de araña nativa. Además, se están destruyendo numerosas plantas autóctonas.
Kapa-Kingi describe la situación como “devastadora”, señalando que los neumáticos de los vehículos están literalmente destrozando las dunas. La problemática se agrava por la presencia de sitios sagrados (wāhi tapu) dentro de los sistemas de dunas.
Ante el aumento de visitantes (manuhiri) durante el verano, el grupo está implementando medidas de protección, como la instalación de cercas y el bloqueo de accesos a la playa. Si bien la respuesta de la comunidad ha sido en general positiva, algunos individuos han ignorado las barreras y continuado conduciendo sobre las dunas, lo que ha obligado al grupo a reinstalar las cercas en repetidas ocasiones.
Kapa-Kingi enfatiza la importancia de proteger estos espacios para las futuras generaciones, expresando su preocupación por la seguridad de los niños (tamariki) en las playas debido a este comportamiento imprudente.
El grupo ha recibido financiación del Northland Regional Council y está trabajando en la creación de herramientas (kaitiaki coastal toolkits) para compartir sus conocimientos sobre la protección de dunas con otras comunidades costeras (hapū and iwi).
En Tokerau Beach, se planean actividades de limpieza y jornadas comunitarias (wānanga) para involucrar a la población en la replantación de 5.000 plantas nativas, con el objetivo de restaurar el ecosistema de las dunas.
