Ryanair ha obtenido una sentencia de más de 15.000 euros en concepto de daños y costas legales contra un pasajero irlandés, James Doherty, por comportamiento allegedly disruptive que obligó a desviar un vuelo. Según informan fuentes judiciales, la aerolínea alega que Doherty perturbó el vuelo FR7124, con ruta desde Dublín a Lanzarote el pasado 9 de abril de 2024, lo que provocó que el avión fuera redirigido a Porto, en Portugal.
El caso, presentado inicialmente en enero de 2025, se enmarca en una estrategia más amplia de Ryanair para sancionar conductas que considera inaceptables a bordo de sus aviones. La compañía argumenta que el comportamiento del pasajero generó gastos adicionales por alojamiento nocturno, costes de reubicación de pasajeros y gastos de aterrizaje no previstos, ascendiendo a un total de 15.000 euros.
Un precedente en la gestión de conductas disruptivas
Esta sentencia refuerza la postura de Ryanair frente a incidentes que afectan a la seguridad y operatividad de sus vuelos. En los últimos meses, la aerolínea ha intensificado sus medidas, incluyendo multas de hasta 500 euros para pasajeros que sean considerados disruptivos y puedan ser retirados de los vuelos. Este caso, sin embargo, marca un hito al ser la primera ocasión en la que la compañía logra una condena económica significativa a través de los tribunales.
El comportamiento inapropiado a bordo de aviones no solo afecta a la experiencia de los demás pasajeros, sino que también tiene un impacto directo en los costes operativos de las aerolíneas. Según datos internos de Ryanair, los desvíos no planificados pueden generar pérdidas millonarias en un solo incidente, lo que justifica su firme postura legal.
Impacto económico y reputacional
Más allá de las cifras, el caso subraya los desafíos que enfrentan las aerolíneas para mantener un equilibrio entre la tolerancia y la seguridad. La reputación de Ryanair, conocida por su enfoque agresivo en la gestión de costes y la eficiencia operativa, podría verse reforzada con este tipo de decisiones judiciales, que envían un mensaje claro a los pasajeros sobre las consecuencias de comportamientos disruptivos.
Mientras tanto, el sector aéreo en su conjunto observa con atención cómo se desarrollan estos casos, ya que podrían establecer un precedente en la regulación de la conducta a bordo de los aviones en Europa.

