La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo se transmite principalmente a través de la picadura de garrapatas del género Hyalomma, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este virus, que puede causar síntomas graves como fiebre alta, hemorragias y fallo multiorgánico, se detecta con mayor frecuencia en regiones de África, Europa del Este, Oriente Medio y Asia, donde los vectores son más activos. La OMS advierte que, aunque los casos humanos son esporádicos, el riesgo aumenta en zonas rurales o de pastoreo, donde el contacto con animales infectados —como ganado o roedores— es más frecuente.
¿Qué es el virus de Crimea-Congo y cómo actúa?
El virus de Crimea-Congo (CCHF, por sus siglas en inglés) pertenece a la familia Nairovirus y se clasifica como un patógeno de riesgo biológico. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), su ciclo de transmisión se basa en tres eslabones: las garrapatas Hyalomma (reservorio natural), los animales silvestres o domésticos (huéspedes amplificadores) y, en casos excepcionales, los humanos (huéspedes accidentales). La picadura de una garrapata infectada es la vía principal de contagio, aunque también se han documentado casos de transmisión por contacto directo con sangre o tejidos de animales infectados, como durante procedimientos veterinarios o en mataderos.
El período de incubación oscila entre 1 y 13 días, según la OMS, y los síntomas iniciales —fiebre súbita, dolor de cabeza intenso, mialgias y náuseas— pueden confundirse con otras enfermedades virales. Sin embargo, en un 20-30% de los casos no tratados, la infección evoluciona hacia formas hemorrágicas con complicaciones como hemorragias nasales, gingivales o gastrointestinales, además de insuficiencia hepática o renal. La letalidad histórica ronda el 10-40%, aunque varía según la región y el acceso a cuidados intensivos.
¿Dónde se registran más casos y por qué?
Los brotes de CCHF son endémicos en más de 30 países, con focos recurrentes en Turquía, Pakistán, España (especialmente en la región de Murcia y Andalucía), Sudáfrica y Kazajistán. Según un informe de 2023 del European Journal of Clinical Microbiology & Infectious Diseases, los casos humanos tienden a concentrarse en tres escenarios clave:
- Zonas de pastoreo: La migración estacional de ganado (ovejas, cabras) expone a los trabajadores rurales a garrapatas infectadas adheridas a los animales.
- Mataderos y granjas: El contacto con sangre o vísceras de animales sacrificados sin protección adecuada aumenta el riesgo de transmisión directa.
- Áreas con garrapatas Hyalomma: Estas especies, adaptadas a climas áridos y semiáridos, se expanden con el cambio climático, como se observó en 2021 en la península ibérica, donde se confirmaron garrapatas infectadas en zonas antes no endémicas.
<
En España, el primer caso humano autóctono se registró en 2016 en Murcia, según el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Desde entonces, las autoridades sanitarias han intensificado la vigilancia en regiones con actividad ganadera, aunque la OMS subraya que no existe transmisión persona-persona, lo que reduce el riesgo de propagación en entornos urbanos.
¿Hay tratamiento o prevención específica?
Hasta la fecha, no hay vacuna licenciada para humanos, aunque se encuentran en fase experimental en países como Rusia y Ucrania, según la OMS. El tratamiento se basa en cuidados de soporte (hidratación, control de hemorragias y manejo de complicaciones orgánicas) y, en algunos casos, el uso de ribavirina, un antiviral con eficacia limitada pero recomendado en protocolos internacionales. La prevención se centra en:
- Medidas vectoriales: Uso de repelentes, ropa protectora y aplicación de acaricidas en animales y entornos rurales.
- Bioseguridad: Equipos de protección individual (EPI) en mataderos y granjas, especialmente al manipular tejidos de animales.
- Vigilancia epidemiológica: Notificación obligatoria de casos sospechosos a las autoridades sanitarias para rastrear focos.
El ISCIII recomienda a viajeros y trabajadores en zonas de riesgo que eviten el contacto con garrapatas y consulten a un médico ante síntomas como fiebre inexplicable tras una estancia en áreas endémicas. «La detección temprana es clave», señala el centro, ya que el pronóstico mejora significativamente con un diagnóstico rápido y aislamiento del paciente.
En regiones como Andalucía o Murcia, donde la presencia de Hyalomma ha aumentado, las comunidades autónomas han desarrollado guías específicas para veterinarios y ganaderos, incluyendo protocolos de desinfección y monitoreo de rebaños.





