Realizar ejercicio físico durante una o dos horas al día no compensa un estilo de vida sedentario el resto de la jornada, según Diana Díaz-Rizzolo, investigadora y profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). De acuerdo con la especialista, el sedentarismo se define por la falta de movimiento durante la mayor parte del día, una condición que no se revierte únicamente con una sesión de entrenamiento programado.
Por qué el entrenamiento no elimina el riesgo del sedentarismo
La distinción entre ser una persona «activa» y una persona que «hace ejercicio» es fundamental para la salud metabólica. Según explica Díaz-Rizzolo, el cuerpo humano está diseñado para el movimiento constante. Cuando una persona pasa la mayor parte de su tiempo sentada —ya sea trabajando o en actividades de ocio—, el metabolismo se ralentiza significativamente. Aunque se dedique una hora al gimnasio, las 22 o 23 horas restantes de inactividad mantienen al organismo en un estado de reposo que favorece la acumulación de riesgos cardiovasculares y metabólicos.

La investigadora subraya que el concepto de «sedentario activo» es una contradicción en sí misma. Aquellas personas que cumplen con las recomendaciones de ejercicio intenso pero permanecen inactivas el resto del día siguen presentando marcadores de riesgo similares a quienes no realizan ninguna actividad física. La clave, según la experta, no es solo el ejercicio planificado, sino la integración del movimiento en la rutina diaria.
Cómo integrar el movimiento en la vida cotidiana
Para contrarrestar los efectos del sedentarismo, Díaz-Rizzolo sugiere abandonar la idea de que el ejercicio es una tarea aislada y empezar a verlo como una necesidad de movimiento frecuente. Algunas recomendaciones prácticas mencionadas por la investigadora incluyen:
- Evitar periodos prolongados de inactividad rompiendo el sedentarismo cada 30 o 60 minutos.
- Utilizar el transporte activo, como caminar o ir en bicicleta, en lugar de vehículos motorizados.
- Priorizar las escaleras sobre el ascensor en las rutinas diarias.
- Incorporar pausas activas durante la jornada laboral para evitar la rigidez muscular y la ralentización metabólica.
A diferencia de quienes ven el entrenamiento como un «pago de deuda» por su inactividad, la evidencia citada por la UOC sugiere que la salud a largo plazo depende de la constancia del movimiento. El objetivo, concluye la experta, debe ser mantenerse activo durante todo el día, complementando —y no sustituyendo— el ejercicio físico estructurado con un estilo de vida dinámico.
