La alimentación es uno de los muchos factores que intervienen en el desarrollo del cáncer, junto con la genética, el medio ambiente y el estilo de vida. Si bien no son directamente responsables de provocar un cáncer, algunos alimentos consumidos regularmente pueden favorecer mecanismos biológicos asociados a un aumento del riesgo a largo plazo. Dietistas explican qué productos están implicados y cómo adaptar la alimentación sin caer en restricciones excesivas.
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Las carnes procesadas
Las embutidos, el tocino, las salchichas o los perritos calientes están clasificados como cancerígenos del grupo 1 por el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (CIIC). La causa son los nitritos utilizados para su conservación. “Los nitritos, ya sean sintéticos o naturales, pueden formar compuestos en el intestino susceptibles de dañar las células”, explica Krystle Zuniga, dietista especializada en oncología, en una entrevista para Eating Well.
“Dos lonchas de tocino o un perrito caliente al día aumentan el riesgo de cáncer colorrectal en casi un 20%”, precisa Kari Hamrick, doctora en nutrición y dietista-nutricionista. Para limitar la exposición, las expertas recomiendan reducir progresivamente estos productos y reemplazarlos por pollo, pavo, pescado o alternativas vegetales. “Incluso una simple reducción, como un “lunes sin carne”, puede disminuir el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%”, subraya la especialista.
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Las bebidas azucaradas
Los refrescos, las bebidas energéticas o los cafés muy azucarados no son cancerígenos en sí mismos, pero su consumo regular puede favorecer el aumento de peso, un factor de riesgo reconocido para el cáncer. “Estas bebidas provocan picos de insulina y de IGF-1, lo que estimula el crecimiento celular y la inflamación”, explica Kari Hamrick.
Krystle Zuniga recuerda, sin embargo, un punto esencial: “El azúcar no “alimenta” específicamente a las células cancerosas ni causa directamente el cáncer.” Las recomendaciones actuales aconsejan limitar los azúcares añadidos a menos del 10% de la ingesta calórica diaria. El agua, tanto natural como con gas, sigue siendo la alternativa más saludable.
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Las carnes rojas
La ternera, el cerdo o el cordero están clasificados como “probablemente cancerígenos” por el CIIC. El riesgo está relacionado, en particular, con la cocción a alta temperatura. La cocción intensa puede provocar la formación de compuestos cancerígenos que, una vez metabolizados, pueden provocar mutaciones del ADN”, explica Krystle Zuniga.
Las expertas recomiendan limitar el consumo de carne roja a dos o tres veces por semana y optar por cocciones suaves. “Una marinada de 30 minutos puede reducir la formación de compuestos nocivos hasta en un 90%”, precisa Kari Hamrick.
Aumentar la proporción de frutas, verduras y fibra en la alimentación permite “neutralizar los radicales libres, reducir la inflamación y participar en la reparación del ADN”, subraya Kari Hamrick. Asociada a una actividad física regular, esta aproximación global sigue siendo una de las más eficaces para reducir el riesgo de cáncer a largo plazo.

