El uso de leucovorina (ácido folínico) en niños con trastorno del espectro autista (TEA) ha experimentado un aumento significativo en los últimos meses, impulsado en gran parte por campañas de promoción pública que destacaron sus supuestos beneficios sin evidencia científica sólida. Según informes recientes, la prescripción de este fármaco —originalmente aprobado para contrarrestar los efectos tóxicos de ciertos medicamentos contra el cáncer— se disparó incluso antes de que figuras públicas de alto perfil lo mencionaran en foros masivos.
Un tratamiento sin respaldo científico
La leucovorina, una forma sintética de ácido fólico, ha sido promocionada en redes sociales y plataformas digitales como un posible tratamiento para mejorar síntomas asociados al autismo, como la comunicación o la interacción social. Sin embargo, ninguna agencia reguladora de medicamentos —como la FDA en EE.UU. O la EMA en Europa— ha aprobado su uso para esta indicación. Su empleo en niños con TEA se basa en estudios preliminares con muestras pequeñas y resultados controvertidos, que no demuestran eficacia ni seguridad a largo plazo.
El aumento en las recetas ocurrió incluso antes de que la administración estadounidense incluyera el autismo como prioridad en sus políticas públicas, según datos recabados por medios especializados. La escasez actual del fármaco en farmacias —reportada en varias regiones— refleja cómo la demanda superó la oferta disponible, generando alertas entre pediatras sobre el riesgo de automedicación o uso inadecuado.
Figuras públicas y el efecto «trend»
El impulso mediático al uso de leucovorina ganó fuerza cuando figuras como el expresidente Donald Trump y el activista Robert F. Kennedy Jr. (RFK Jr.) lo mencionaron en sus plataformas, asociándolo a supuestos avances en terapias para el autismo. Aunque ambos destacaron testimonios anecdóticos de familias, no citaron estudios clínicos controlados que respalden su eficacia. Este tipo de promociones, sin respaldo de la comunidad científica, ha llevado a que padres busquen el fármaco por iniciativa propia, a veces sin supervisión médica.
Expertos consultados advierten que el ácido folínico en dosis altas puede tener efectos secundarios graves, especialmente en niños, como alteraciones neurológicas o interacciones peligrosas con otros medicamentos. «La desesperación por encontrar soluciones para el autismo es comprensible, pero esto no debe llevarnos a adoptar tratamientos sin evidencia», declaró un especialista en desarrollo infantil citado en informes recientes.
¿Qué dice la ciencia?
Hasta la fecha, no existen ensayos clínicos rigurosos que demuestren que la leucovorina mejore síntomas del TEA. Su uso en este contexto se basa en hipótesis no confirmadas sobre posibles deficiencias de folato en algunos niños con autismo. Organizaciones como la Autism Speaks y la CDC recomiendan que cualquier tratamiento para el autismo —incluyendo suplementos— sea supervisado por un profesional de la salud, preferiblemente dentro de un protocolo de investigación.

Mientras las farmacias enfrentan desabastecimiento y los padres buscan alternativas, los expertos insisten en la necesidad de evitar tratamientos no avalados. «La ciencia avanza, pero no a la velocidad que algunos desean. Promover soluciones sin pruebas solo genera falsas esperanzas y riesgos innecesarios», advirtió un investigador en neurodesarrollo.
Nota: Este artículo se basa en informes periodísticos recientes. Para información actualizada sobre tratamientos para el autismo, consulte fuentes oficiales como la FDA o la OMS.

