Un cambio en la toma de decisiones clínicas es fundamental, según la Dra. Baker. “Necesitamos alejar la conversación clínica de la noción de que existen riesgos versus la ausencia de ellos al tomar decisiones sobre el tratamiento, y dirigirla más hacia un análisis de riesgo-riesgo”, explicó. Este análisis debe equilibrar “los riesgos de la exposición a la medicación, que son en gran medida tranquilizadores, frente a los riesgos conocidos de no tratar o tratar insuficientemente el TDAH en esta población”.
La comorbilidad surgió como una preocupación clínica importante. “Rara vez las mujeres presentan únicamente síntomas de TDAH aislados”, señaló Baker, destacando que “la comorbilidad con vulnerabilidad del estado de ánimo y trastornos de ansiedad es, diría yo, la regla, no la excepción”. Advirtió que el período posparto conlleva un “riesgo significativo de agravamiento de esas vulnerabilidades comórbidas del estado de ánimo y la ansiedad”, impulsado por “una transición hormonal bastante importante” junto con la privación del sueño y el aumento de las exigencias en las funciones ejecutivas.
Por lo tanto, los clínicos deben replantearse cómo enmarcan las decisiones de tratamiento para las mujeres en edad reproductiva. Baker enfatizó la importancia de planificar con anticipación.
“Esta es una población clínica de gran importancia en términos del bienestar futuro de los pacientes y las familias, y también una que presenta un alto riesgo”, afirmó Baker. “Por lo tanto, planificar de manera reflexiva e intencional para el embarazo y el posparto, aprovechando las terapias no farmacológicas junto con las farmacoterapias –si hay TDAH de moderado a grave– es realmente un enfoque ganador para brindar una excelente atención a nuestros pacientes”, añadió.
En cuanto al uso de medicamentos, Baker ofreció una guía fundamental. “Si la farmacoterapia para el TDAH es necesaria para el funcionamiento diario de un individuo, es apropiado considerar y continuar con ella durante el embarazo”, dijo, enfatizando que estas discusiones deben llevarse a cabo “con suficiente antelación al embarazo”. Además, Baker abogó por un proceso de comunicación colaborativo, sugiriendo la participación de pediatras, obstetras y ginecólogos, y psicoterapeutas.
Animó a los clínicos a establecer líneas de base y adoptar una visión holística, destacando las psicoterapias, el buen asesoramiento y las intervenciones basadas en la atención plena.
La comorbilidad surgió como una preocupación clínica importante, no solo durante el embarazo sino también en el posparto. “Rara vez las mujeres presentan únicamente síntomas de TDAH aislados”, reiteró Baker, añadiendo que la comorbilidad con trastornos del estado de ánimo y la ansiedad es más común que la excepción. Las transiciones hormonales, junto con la privación del sueño y el aumento de las exigencias, resultan en un “riesgo significativo de agravamiento de esas vulnerabilidades comórbidas del estado de ánimo y la ansiedad”, agregó.
“Estas son conversaciones importantes que debemos tener, como ya he dicho, idealmente con suficiente antelación al embarazo, tanto para el TDAH como, de manera más amplia, desde una perspectiva psiquiátrica, para que las mujeres y sus clínicos trabajen juntos en un análisis de decisión compartida y colaborativa”, concluyó Baker.
Referencias
1. Plenary: ADHD and Pregnancy. Presented at the
2. Bang Madsen K, Bliddal M, Skoglund CB, et al. Attention-Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD) Medication Use Trajectories Among Women in the Perinatal Period. CNS Drugs. 2024;38(4):303-314.
3. Bang Madsen K, Robakis TK, Liu X, et al. In utero exposure to ADHD medication and long-term offspring outcomes. Mol Psychiatry. 2023;28(4):1739-1746.
