¿Por qué el diálogo de Shangri-La 2024 marca un punto de inflexión en la estrategia de seguridad de China?
El foro anual de Shangri-La, considerado el principal escenario de debate sobre seguridad en Asia, registró este año un tono más agresivo por parte de Pekín, donde altos funcionarios chinos advirtieron sobre su intención de «establecer un nuevo conjunto de reglas internacionales» y redujeron la participación de invitados de alto nivel. Según fuentes de seguridad citadas por Central News Agency (CNA) y rti.org.tw, esta estrategia refleja un intento de consolidar su influencia geopolítica frente a lo que el gobierno chino considera «dominio occidental» en normas globales.

El cambio más notable fue la ausencia de figuras clave como el ministro de Defensa, Li Shangfu, quien en ediciones anteriores lideraba las declaraciones de Pekín. En su lugar, participaron funcionarios de menor perfil, según detalló CNA. Este ajuste, interpretado por analistas como un gesto de desdén hacia el foro, coincide con el endurecimiento retórico de China en temas como el Estrecho de Taiwán, donde Pekín ha advertido que cualquier conflicto en la región tendría «repercusiones globales».
¿Qué dijo China sobre su propuesta de «nuevas reglas internacionales»?
Durante el diálogo, representantes chinos —identificados por rti.org.tw como «altos funcionarios de seguridad»— insistieron en que su país busca «corregir desequilibrios» en el orden internacional actual. «China no aceptará que otros países impongan sus reglas bajo la excusa de ‘democracia’ o ‘derechos humanos'», declaró un portavoz citado por CNA, en alusión directa a las sanciones occidentales y a la alianza AUKUS.
Este discurso contrasta con el tono de ediciones anteriores, donde China buscaba presentarse como un actor cooperativo. En 2023, por ejemplo, Li Shangfu había abogado por «diálogo y confianza» en el Indo-Pacífico, según registros del foro. La diferencia radica en que, este año, Pekín vinculó explícitamente su propuesta de reglas con la defensa de su soberanía, especialmente en el Estrecho de Taiwán, donde advirtió que «cualquier intento de independencia» sería considerado una «amenaza existencial».
¿Cómo reaccionaron otros países ante el mensaje de China?
Aunque el foro no incluyó declaraciones públicas de otros participantes —como EE.UU., Japón o Australia—, fuentes diplomáticas consultadas por UDN señalaron que el mensaje chino generó «preocupación» en círculos de seguridad. «Taiwán no es solo un asunto chino; es un tema global», declaró el exministro taiwanés de Defensa, Dong Chin-shu (童振源), en una entrevista con UDN, subrayando que la dependencia global de infraestructura crítica —como cables submarinos— hace que un conflicto en la región tenga consecuencias inmediatas para economías como las de EE.UU., Europa y Japón.
De hecho, el mismo foro de Shangri-La destacó este año la vulnerabilidad de los cables submarinos que conectan Asia con el resto del mundo, un tema que UDN vinculó directamente con las advertencias de China sobre «interferencias externas» en su zona económica exclusiva. Expertos citados por la misma fuente advirtieron que un corte en estos cables —controlados en gran parte por empresas occidentales— podría paralizar el comercio global en menos de 72 horas.
¿Qué sigue para Taiwán y la seguridad regional?
Mientras el foro de Shangri-La cerraba sus puertas, otro tema dominaba los análisis en Taiwán: la posible respuesta de Washington a las ambiciones chinas. Según un informe de 自由評論網 (Liberty Times), la administración de Biden enfrenta un dilema: equilibrar el apoyo a Taiwán sin desencadenar una escalada militar. «La clave está en la cooperación con aliados como Japón y Corea del Sur para fortalecer la disuasión sin provocar a Pekín», señaló un analista citado por la plataforma.
En paralelo, el gobierno taiwanés ha intensificado sus esfuerzos para diversificar sus alianzas de defensa, según revelan fuentes consultadas por Liberty Times. Sin embargo, el proceso de aprobación de ventas de armas a Taiwán —como los misiles ATACMS— sigue estancado en el Congreso de EE.UU., lo que genera frustración en Taipéi. «No podemos permitirnos perder tiempo en la burocracia estadounidense mientras China acelera su modernización militar», advirtió un funcionario anónimo citado por la misma fuente.
¿Qué papel juega la inteligencia artificial en este escenario?
Un informe de CMoney destaca que tanto China como Taiwán están invirtiendo en IA para reforzar sus capacidades de defensa. Pekín, según el análisis, ya utiliza sistemas de reconocimiento facial y drones autónomos en sus maniobras militares, mientras que Taiwán ha acelerado la adopción de tecnología de guerra electrónica. «La IA no decidirá si hay guerra, pero sí cómo se librará», comentó un experto en ciberseguridad citado por la plataforma.

No obstante, el desafío para Taiwán radica en su capacidad para competir con el presupuesto militar chino —que supera los $250 mil millones anuales—, según datos de CMoney. La dependencia de equipos occidentales —como los chips de TSMC— y la falta de autonomía en producción de armas avanzadas siguen siendo puntos críticos para la isla.
Mientras tanto, el foro de Shangri-La dejó claro un mensaje: la era de la cooperación sin condiciones en Asia-Pacífico ha terminado. Para Pekín, las reglas del juego ahora se definen desde su perspectiva, y el resto del mundo tendrá que adaptarse —o enfrentarse a las consecuencias.
