La guerra entre Irán y Estados Unidos, que comenzó el 28 de febrero de 2026 con ataques coordinados de EE. UU. E Israel contra objetivos en Irán, se extiende y muestra signos de prolongarse, con un impacto difícil de predecir en la economía global. Según fuentes, los ataques iniciales se dirigieron a la fuerza aérea y marina iraníes, mientras que Israel atacó un complejo vinculado a la elección del próximo líder supremo de Irán.
La situación se ha intensificado con el lanzamiento de una segunda oleada de misiles por parte de Irán contra Israel, marcando la ronda número 22 de operaciones de represalia. Paralelamente, se han registrado enfrentamientos entre Israel y Líbano, con activos estadounidenses en la región también bajo fuego.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado «seguros y garantías» para los buques que viajen por el Golfo, sugiriendo incluso la posibilidad de escolta naval para los petroleros «si fuera necesario». Esta medida responde a la preocupación por la interrupción del comercio petrolero y el consiguiente aumento del precio de la gasolina en Estados Unidos, que ha experimentado el mayor incremento diario desde 2005.
La crisis ha provocado una carrera por la evacuación de ciudadanos extranjeros de la región, con los Emiratos Árabes Unidos abriendo corredores aéreos seguros para facilitar el traslado. Además, el cierre de embajadas estadounidenses en varios países y la advertencia a los ciudadanos estadounidenses para que abandonen la zona reflejan la gravedad de la situación.
En el ámbito político interno de Irán, se ha producido la muerte del líder supremo, Ali Khamenei, lo que ha llevado al establecimiento de un Consejo de Liderazgo Interino. Mientras tanto, el Senado de Estados Unidos ha rechazado medidas para limitar la autoridad de Trump en relación con la guerra.
La tensión geopolítica ha generado interrogantes sobre un posible cambio en el orden mundial, con algunos analistas preguntándose si estamos entrando en una era de «Israel Primero» en lugar de «América Primero».
