La nueva comedia negra de Macon Blair, “The Shitheads”, sorprende con un giro inesperado a un tercio de la película. Un momento de violencia abrupta podría alejar a algunos espectadores, pero una réplica ingeniosa con un humor seco logra restablecer el tono, aunque la tensión entre comedia y drama se intensificará a medida que la trama se complica.
La película sigue a Mark (Dave Franco), un perdedor con una gran opinión de sí mismo, y a Davis (O’Shea Jackson Jr.), un cristiano devoto que busca validación, mientras transportan a Sheridan (Mason Thames), un adolescente rebelde y adinerado, a rehabilitación. El viaje inicial recuerda a las comedias de los 2000 y principios de la década de 2010, con toques de humor escatológico y situaciones embarazosas, evocando títulos como “Pineapple Express” y “This Is the End”. Sin embargo, Sheridan pronto revela su verdadera naturaleza: un joven sin brújula moral que disfruta manipulando y humillando a los demás.
La relación entre Mark y Davis evoluciona de la desconfianza a una alianza vital cuando se dan cuenta de la clase de persona que tienen bajo su cuidado. Sheridan, interpretado por Thames con una sonrisa irritante, ha alcanzado la fama por las razones equivocadas y actúa como si el dinero pudiera comprarle impunidad. Esta actitud, lamentablemente, resulta atractiva para muchos, como demuestran sus seguidores en línea.
Blair abre la película con una referencia cinematográfica a “Antichrist” de Lars von Trier, un guiño apreciado por los cinéfilos que establece el tono poco convencional de la historia. Aunque “The Shitheads” se inclina más hacia la comedia amplia con momentos de crueldad, difiere de las películas anteriores de Blair, como “I Don’t Feel at Home in This World Anymore”, donde la seriedad predominaba con toques de humor negro.
La mezcla de humor y drama en “The Shitheads” a veces resulta desequilibrada, creando una experiencia visual impactante con momentos hilarantes que chocan con situaciones dramáticas intensas. Si bien esta yuxtaposición podría interpretarse como un reflejo de la fragilidad de la realidad, el resultado final es desconcertante. A pesar de esto, la película tiene potencial comercial gracias a su audacia y al atractivo de su elenco.
Un punto bajo de la película es la aparición de un grupo de criminales caricaturescos que intentan “rescatar” a Sheridan después de que este envía una falsa alarma de secuestro en las redes sociales. Peter Dinklage, como líder del grupo, tiene un papel breve y poco memorable, mientras que Nicholas Braun interpreta a un rapero aspirante obsesionado con la fama de Sheridan de manera cliché.
En contraste, una secuencia de alucinaciones inducidas por drogas ofrece un giro refrescante, con Jackson Jr. interpretando a Davis como si tuviera una epifanía espiritual. La actuación del actor aporta equilibrio emocional a la película. A medida que las agresiones físicas se intensifican debido a la malicia de Sheridan, Blair evita profundizar en el pasado de los personajes de clase trabajadora, incluyendo a Mark y Davis, así como a una cantante que se gana la vida como bailarina exótica, quien se une a ellos para intentar controlar al joven.
Al no revelar las circunstancias que llevaron a estos personajes a su situación actual, Blair sugiere que cualquiera puede tomar un mal camino y sentirse atrapado, mientras que alguien como Sheridan disfruta de privilegios sin haberlos ganado. En un sistema injusto, la única opción es concentrarse en lo que se puede controlar. Sin embargo, en lugar de explorar esta subtexto social, Blair se centra en cómo estos personajes comunes superarán sus brutales desafíos.
