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Therianes: La Identidad Animal que Explota en TikTok

by Editora de Entretenimiento

Antes de TikTok, incluso antes de que las redes sociales fueran parte de nuestro día a día, ya existían personas que describían una conexión profunda e inexplicable con ciertas especies animales. No como una metáfora, ni como un pasatiempo, sino como algo que percibían como central a su propio ser.

El término ‘therian’, una contracción de ‘therianthrope’, palabra griega que significa mitad humano, mitad animal, comenzó a circular en la década de 1990 en foros de internet como alt.horror.werewolves (fuente en español), un espacio que nació para hablar de ficción y terminó convirtiéndose en un punto de encuentro para aquellos que se reconocían en algo más personal.

La comunidad creció discretamente, casi en secreto, a través de listas de correo y sitios web de la era pre-Facebook. Inicialmente se hacían llamar ‘otherkin’, un término general para aquellos que se identifican como seres no humanos en un sentido amplio –dragones, elfos, ángeles–, y de ahí surgió el subgrupo que se identifica específicamente con animales reales: lobos, zorros, ciervos, pumas, aves.

No existe una doctrina unificada. Algunos interpretan esta identidad desde una perspectiva espiritual, como una especie de reencarnación o alma animal, mientras que otros lo ven desde un punto de vista puramente psicológico, sin ninguna connotación mística. Lo que comparten es la convicción de que su “fenotipo interno”, como lo llaman, no encaja con la especie a la que pertenecen biológicamente.

TikTok y el salto a la cultura masiva

Durante décadas, los therians existieron en nichos muy específicos de internet, invisibles para el público en general. Eso cambió drásticamente a principios de esta década, cuando el algoritmo de TikTok comenzó a amplificar videos en los que jóvenes, muchos de ellos adolescentes, mostraban lo que ellos llaman ‘shifts’ o ‘quadrobics’: movimientos que imitan la locomoción de los cuadrúpedos, a veces con máscaras o accesorios que evocan al animal con el que se identifican.

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El impacto fue doble. Por un lado, la visibilidad permitió que personas que nunca habían tenido un nombre para lo que sentían encontraran una comunidad y un lenguaje. Por otro lado, la viralidad trajo consigo una distorsión inevitable: el formato corto de TikTok tiende a aplanar cualquier identidad en una estética, y lo que para algunos es una profunda cuestión de identidad se redujo, para muchos espectadores, a un baile o a un disfraz extravagante.

Hoy en día, el hashtag #therian acumula miles de millones de visualizaciones. Existen canales de YouTube dedicados a explicar la identidad desde dentro, podcasts, servidores de Discord con decenas de miles de miembros y una constante producción de contenido en Reddit.

La comunidad ha desarrollado su propio vocabulario: ‘kintype’ para el animal con el que te identificas, ‘awakening’ para el momento en que te das cuenta, y sus propios debates internos sobre quién puede ser considerado therian y quién no.

Es difícil ignorar que gran parte de este crecimiento reciente coincide con la adolescencia de una generación que ha crecido buscando identidades con las que definirse. No es un juicio de valor: es un hecho que vale la pena tener en cuenta para comprender el fenómeno en contexto.

Therians y furries: una distinción que importa

Una confusión frecuente equipara a los therians con los furries, y aunque comparten ciertos espacios culturales, la diferencia subyacente es significativa. Los furries son personas que sienten afinidad por personajes animales antropomórficos, generalmente ficticios, y participan en una subcultura con una dimensión claramente lúdica y creativa: disfraces, convenciones, ilustración.

Su interés por el animal no implica necesariamente una identificación con él. Un furry puede tener un ‘fursona’, un alter ego animal, sin que esto signifique que se perciba a sí mismo como no humano. Los therians, por otro lado, argumentan que su identificación no es un pasatiempo o una elección estética, sino algo que experimentan como parte de lo que son.

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Investigaciones empíricas (fuente en español) respaldan esta distinción. En estudios con ambas comunidades, se pidió a los participantes que indicaran el grado en que se identificaban con su especie animal de referencia en una escala de siete puntos.

Los therians obtuvieron una puntuación significativamente más alta que los furries, 6.6 frente a 5.6 en promedio, lo que sugiere que la identificación es cualitativamente diferente, no solo en grado sino en naturaleza.

Los datos sobre cómo se perciben a sí mismos son aún más reveladores. Mientras que poco más de un tercio de los furries dijeron que se sentían menos del 100% humanos, esa proporción aumentó al 85% entre los therians.

Y de aquellos que dijeron que se sentían parcialmente no humanos, casi todos lo atribuyeron a una sensación mental o psicológica, no a una física: pocos describieron mirar sus manos y ver garras, pero muchos sí sintieron que su forma de percibir el mundo, reaccionar o relacionarse con los demás era algo que no encajaba del todo con lo que consideraban típicamente humano.

Los therians también fueron más propensos a expresar el deseo de no ser humanos en absoluto si tuvieran la opción –casi seis de cada diez–, en comparación con menos de cuatro de cada diez entre los furries, una diferencia que habla de la medida en que esta identidad no humana se experimenta como genuina en lugar de como un juego de roles.

Las fronteras, sin embargo, son porosas. Hay personas que se identifican con ambas etiquetas al mismo tiempo, y la subcultura furry ha sido históricamente un espacio donde muchos therians han encontrado comunidad antes de tener el vocabulario para nombrarse a sí mismos de otra manera.

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Salud mental: lo que la psicología aún no puede responder

La pregunta más incómoda es la que rodea la salud mental. Los profesionales de la psicología no tienen un consenso claro sobre cómo abordar la identidad therian. No figura como un trastorno en el DSM-5 o CIE-11, y algunos psicólogos argumentan que, cuando no interfiere con el funcionamiento diario de una persona, no debería tratarse como una patología.

Estudios preliminares y varios informes clínicos sugieren que existe una correlación, no necesariamente causal, entre la identidad ‘otherkin’/’therian’ y patrones de disociación, trastornos del espectro autista, ansiedad social o depresión.

La interpretación de esta correlación es lo que divide a los especialistas. ¿Es la identidad ‘therian’ una forma de procesar o canalizar una experiencia preexistente de alienación, o puede, en ciertos casos, dificultar aún más la integración social de alguien que ya tenía dificultades? Todavía no hay respuestas definitivas.

Lo que sí genera preocupación en algunos entornos clínicos es el peso del contexto digital.

Cuando un adolescente en proceso de construcción de identidad encuentra en internet una comunidad que ofrece pertenencia, vocabulario y afirmación incondicional, el riesgo no está en la identidad en sí, sino en el hecho de que el entorno online puede reforzar narrativas sin el filtro crítico que proporcionaría el acompañamiento profesional.

Esto no es exclusivo de los therians: es un problema estructural de cómo funcionan las comunidades digitales en torno a cualquier identidad minoritaria.

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