La obtención de un título universitario, si bien demuestra cumplimiento de un sistema y asistencia regular, no necesariamente avala la capacidad real de aplicar los conocimientos adquiridos en un entorno laboral.
Esta discrepancia entre la titulación formal y las habilidades prácticas se manifiesta, generalmente, al momento de enfrentar las exigencias del trabajo.
La posesión de un grado académico, por lo tanto, no es garantía de desempeño laboral efectivo. La experiencia y la aplicación concreta de los conocimientos son factores cruciales que complementan la formación teórica.
