Un título universitario obtenido en 2017 no ha encontrado aplicación práctica en el mercado laboral hasta la fecha, según lo expresado por su titular. La persona en cuestión manifiesta una percepción de falta de pertinencia entre su formación académica y las oportunidades profesionales disponibles.
Esta situación plantea interrogantes sobre la alineación entre la oferta educativa y las demandas del sector productivo. Si bien se desconoce la disciplina específica del grado, la experiencia refleja un desafío común para muchos recién graduados: la dificultad para traducir sus conocimientos teóricos en habilidades valoradas por las empresas.
La falta de aplicación de un título universitario puede tener implicaciones económicas tanto a nivel individual, limitando el potencial de ingresos del graduado, como a nivel macroeconómico, representando una posible pérdida de capital humano.
