A muchos nos ha pasado: entrar a un baño público y sentir una mezcla de incomodidad y repulsión por la suciedad y el olor. Sin embargo, la necesidad fisiológica a menudo supera estas sensaciones, y la estrategia se convierte en aguantar la respiración y soportar el malestar. Este sentimiento de rechazo ante un baño sucio es, de hecho, completamente normal.
“La naturaleza nos protege de infectarnos con patógenos”, explica Markus Egert, profesor de microbiología e higiene en la Hochschule Furtwangen. “Por eso, instintivamente, sentimos aversión por dos cosas: los cadáveres y las heces.”
¿Realmente corremos riesgo de infección en el baño?
Pero, ¿cuál es el riesgo real de contraer una infección gastrointestinal en un baño público? Según el investigador, no existen estudios que determinen cuántas infecciones se originan en estos lugares.
No obstante, es posible encontrarse con gérmenes potencialmente dañinos en los baños, especialmente si una persona enferma con norovirus ha utilizado recientemente las instalaciones. Este virus es altamente contagioso, incluso en pequeñas cantidades.
Sin embargo, existe una importante aclaración que puede brindar tranquilidad: “Lo que solo aterriza en los muslos, la ropa o las nalgas no nos enferma. Los gérmenes deben llegar a la boca”, afirma Egert.
El verdadero peligro, según el experto, reside en tocar superficies contaminadas con gérmenes fecales y luego continuar con nuestras actividades diarias sin lavarnos las manos con agua y jabón.
Por lo tanto, el consejo más importante no es sorprendente: lávese las manos después de usar el baño, y hágalo a fondo. Esto significa: mojar las manos, frotarlas con jabón durante 20 a 30 segundos, enjuagarlas y secarlas completamente, preferiblemente con una toalla desechable.
No es recomendable cubrir la tapa del inodoro con papel
También durante el uso del baño, se puede minimizar el contacto con gérmenes. “El truco es tocar lo menos posible”, dice Egert. Sin embargo, el profesor de higiene considera poco práctico cubrir la tapa del inodoro con papel higiénico antes de sentarse. “Cuanto más manipulemos en el baño, mayor será la probabilidad de tocar cosas que normalmente no tocaríamos”, explica Egert. Es decir, tocaremos con más frecuencia el papel higiénico y la tapa del inodoro, especialmente “si nos sentamos y todo se desliza, y luego tenemos que arreglarlo todo”.
Si alguien prefiere evitar el contacto directo con la tapa del inodoro, Egert sugiere adoptar la postura conocida como “sentadilla”, elevando el cuerpo sobre el inodoro. Para ello, se requiere cierta fuerza en los muslos y precisión para asegurar que los desechos caigan dentro del inodoro, en beneficio de los futuros usuarios.
¡Baje la tapa al tirar de la cadena!
Para una experiencia más higiénica, es recomendable bajar la tapa del inodoro al tirar de la cadena. Esto ayuda a reducir la dispersión de gotitas que pueden contener bacterias y virus, disminuyendo así el riesgo de infección.
Otro consejo, que probablemente todos sigamos instintivamente en los baños públicos, es tratar de pasar el menor tiempo posible dentro de ellos. Cuanto más tiempo permanezcamos, más aerosoles –estas finas gotitas– respiraremos. Sin embargo, Markus Egert tranquiliza: “No es necesario aguantar la respiración”.
Fuente: dpa
