WASHINGTON.– El presidente Donald Trump ha llevado a Estados Unidos al borde de un conflicto con Irán, incluso mientras sus asesores le instan a priorizar las preocupaciones económicas de los votantes y a considerar los riesgos políticos de una escalada militar de cara a las elecciones de medio término.
Trump ha ordenado un importante despliegue de fuerzas en Oriente Medio y los preparativos para un posible ataque aéreo de varias semanas contra Irán. Sin embargo, no ha detallado públicamente las razones que podrían llevarle a emprender la acción más agresiva contra la República Islámica desde la revolución de 1979.
La fijación de Trump con Irán se ha convertido en el ejemplo más claro de cómo la política exterior, incluyendo el uso de la fuerza militar, ha dominado su agenda en los primeros 13 meses de su mandato, a menudo eclipsando problemas internos como el costo de vida, que, según las encuestas, son una prioridad mayor para la mayoría de los estadounidenses.
Un alto funcionario de la Casa Blanca señaló que, a pesar de la retórica belicista de Trump, aún no existe un “apoyo unificado” dentro de la administración para proceder con un ataque contra Irán.
Los asesores de Trump son conscientes de la necesidad de evitar enviar un “mensaje confuso” a los votantes indecisos, quienes están más preocupados por la economía, según declaró el funcionario a Reuters bajo anonimato.
Asesores de la Casa Blanca y responsables de la campaña republicana quieren que Trump se centre en la economía, un punto que se destacó como el principal tema de campaña en una reunión informativa privada esta semana con varios secretarios del gabinete. Trump no estuvo presente.
Un segundo funcionario de la Casa Blanca, en respuesta a preguntas de Reuters, afirmó que la agenda de política exterior de Trump “se ha traducido directamente en victorias para el pueblo estadounidense”.
“Todas las acciones del presidente priorizan a Estados Unidos, ya sea haciendo que el mundo sea más seguro o aportando resultados económicos a nuestro país”, declaró el funcionario. Las elecciones de noviembre determinarán si el Partido Republicano de Trump mantiene el control de ambas cámaras del Congreso estadounidense. Perder una o ambas cámaras ante la oposición demócrata supondría un desafío para Trump en los últimos años de su presidencia.
Rob Godfrey, estratega republicano, advirtió que un conflicto prolongado con Irán representaría un riesgo político significativo para Trump y sus correligionarios.
“El presidente debe recordar que la base política que lo impulsó a la nominación republicana –en tres ocasiones consecutivas– y que continúa apoyándolo es escéptica respecto a la participación en conflictos en el extranjero, ya que poner fin a la era de las ‘guerras eternas’ fue una promesa explícita de campaña”, declaró Godfrey.
Los republicanos planean hacer campaña basándose en los recortes de impuestos individuales aprobados por el Congreso el año pasado, así como en programas para reducir el costo de la vivienda y algunos medicamentos recetados.
Aunque existen algunas voces disidentes, muchos dentro de MAGA, el movimiento aislacionista de Trump, apoyaron la rápida acción que derrocó al presidente venezolano Nicolás Maduro el mes pasado. Sin embargo, podrían encontrar mayor resistencia si Trump lleva a Estados Unidos a una guerra con Irán, que sería un enemigo mucho más formidable.
Trump, quien ha amenazado repetidamente con atacar a Irán si no se llega a un acuerdo sobre su programa nuclear, reiteró su advertencia el viernes, afirmando que Teherán “mejor negocie un acuerdo justo”. Estados Unidos atacó instalaciones nucleares iraníes en junio, e Irán ha amenazado con represalias severas si vuelve a ser atacado.
Trump ganó la reelección en 2024 con su plataforma “Estados Unidos Primero”, en gran parte gracias a su promesa de reducir la inflación y evitar costosos conflictos en el extranjero. Sin embargo, las encuestas de opinión pública muestran que le ha resultado difícil convencer a los estadounidenses de que está logrando avances para reducir los altos precios.
Aun así, la estratega republicana Lauren Cooley afirmó que los partidarios de Trump podrían apoyar una acción militar contra Irán si esta es decisiva y limitada. “La Casa Blanca deberá vincular claramente cualquier acción con la protección de la seguridad y la estabilidad económica de Estados Unidos”, afirmó.
Con las encuestas mostrando poco interés público en otra guerra en el extranjero y con Trump luchando por transmitir un mensaje que aborde plenamente las dificultades económicas de los votantes, cualquier escalada con Irán es una medida arriesgada para un presidente que reconoció en una entrevista reciente con Reuters que su partido podría tener dificultades en las elecciones de medio término.
Históricamente, la política exterior rara vez ha sido un factor decisivo para los votantes en las elecciones de medio término. Pero, tras haber desplegado una importante fuerza de portaaviones, otros buques de guerra y aviones de combate en Oriente Medio, Trump podría verse obligado a emprender una acción militar a menos que Irán haga concesiones significativas, algo que hasta ahora ha mostrado poca disposición a aceptar. De lo contrario, podría correr el riesgo de parecer débil a nivel internacional.
Las razones que Trump ha dado para un posible ataque han sido vagas y variadas. Inicialmente amenazó con atacar en enero como reacción a la sangrienta represión del gobierno iraní contra las protestas callejeras a nivel nacional, pero luego se retractó.
Más recientemente, ha atribuido sus amenazas militares a la exigencia de que Irán ponga fin a su programa nuclear y ha planteado la idea de un “cambio de régimen”, pero ni él ni sus asesores han explicado cómo los ataques aéreos podrían lograrlo.
El segundo funcionario de la Casa Blanca insistió en que Trump “ha sido claro en que siempre prefiere la diplomacia y que Irán debe llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”. El presidente, añadió el funcionario, también ha enfatizado que Irán “no puede tener un arma nuclear ni la capacidad de construirla, y que no puede enriquecer uranio”.
Esta falta de claridad contrasta marcadamente con la extensa defensa pública que el entonces presidente George W. Bush presentó a favor de la invasión de Irak en 2003, la cual, según él, tenía como objetivo liberar al país de armas de destrucción masiva. Aunque esa misión terminó basándose en información errónea y afirmaciones falsas, los objetivos bélicos declarados por Bush fueron claros desde el principio.
Godfrey, el estratega republicano, afirmó que los votantes independientes –cruciales para decidir el resultado de unas elecciones reñidas– estarán analizando con lupa la gestión de Trump en Irán.
“Los votantes de las elecciones de medio término y su base estarán esperando a que el presidente presente sus argumentos”, declaró.
Matt Spetalnick, Bo Erickson, Nandita Bose y Tim Reid
