Originalmente, Donald Trump buscó proyectar una imagen de firmeza frente a China. Sin embargo, su política comercial inconsistente y, en ocasiones, conciliadora con Pekín, su admiración por el líder chino Xi Jinping y, sobre todo, su constante confrontación con los aliados tradicionales, han terminado fortaleciendo la influencia de China a nivel global.
Esta dinámica se evidencia en el creciente interés de otras democracias occidentales por estrechar lazos con China. Recientemente, Canadá formalizó un acuerdo comercial que provocó una reacción airada por parte de Trump, manifestada en amenazas de imposición de aranceles. Paralelamente, el primer ministro británico, Keir Starmer, está llevando a cabo una estrategia de acercamiento a Pekín, buscando principalmente beneficios económicos.
