Lo que comenzó como un diagnóstico aislado en una familia escocesa, se repitió seis años después en otra generación. Dos primos adolescentes, que residen en diferentes ciudades de Escocia, ahora conviven con tumores cerebrales inoperables, una situación que ambos describen como una probabilidad mínima que se ha hecho realidad.
Cuando Lachlan Lindsay tenía ocho años, los médicos detectaron un tumor cerebral después de que presentara un leve estrabismo y fuertes dolores de cabeza. Fue trasladado de urgencia al entonces Hospital Infantil de Edimburgo, donde fue sometido a una cirugía para drenar el líquido cefalorraquídeo acumulado. El tumor, un glioma de la placa tectal, resultó ser benigno, pero no pudo ser extirpado debido a su ubicación.
Seis años después, la historia se repitió en la misma familia. Hazel Dempster, prima más joven de Lachlan y residente de Kirkcudbright, comenzó a sufrir fuertes dolores de cabeza. Tras una resonancia magnética solicitada por su médico de cabecera, fue sometida a una neurocirugía de emergencia al detectarse un gran tumor cerebral.
“Fue un shock enorme, porque la probabilidad de que dos primos tengan tumores cerebrales es minúscula”, declaró Hazel a la BBC. “Pero creo que ahora tengo una relación más estrecha con Lachlan, porque es algo con lo que ambos nos identificamos y que nadie más en nuestras vidas puede entender.”
Hazel, ahora con 16 años, fue diagnosticada con un astrocitoma pilocítico del quiasma óptico, un tumor de crecimiento lento que presiona el nervio óptico y afecta la visión. Desde su primera cirugía, realizada tras ser trasladada al Royal Glasgow Children’s Hospital, ha sido sometida a seis operaciones más.
Además, recibió quimioterapia intensiva, que le provocó efectos secundarios como dolor nervioso persistente y dificultad para caminar y usar los dedos. “Es como llevar guantes de invierno gruesos todos los días, todo el tiempo”, explicó la joven.
Su sistema inmunológico debilitado también le impedía participar en actividades típicas de la infancia. Actualmente, recibe quimioterapia oral diaria, lo que le permite mantener una vida relativamente normal, junto con frecuentes consultas médicas. Su tumor no disminuye, pero permanece estable. Hazel destaca que ha podido retomar actividades como el escultismo y ha sido reconocida por el Jefe Scout con el premio Héroe Anónimo. “No considero que esto sea nada especial, es simplemente mi vida. Pero es bueno que la gente lo vea como algo más grande”, afirma.
Después de años sin viajar, su familia finalmente pudo realizar un viaje en tren por Europa el verano pasado.
El impacto del diagnóstico en Lachlan
Lachlan, ahora con 19 años y estudiante universitario en Aberdeen, recuerda claramente el momento del diagnóstico. “Recuerdo que me dijeron que tenía un tumor y que la hidrocefalia en la parte posterior de mi cabeza podía matarme si no se trataba”, recuerda.
Después de la operación, describió un dolor extremo: “Desperté [de la operación] y sentí el peor dolor de mi vida, y nada se le ha comparado desde entonces”, describe.
También relató el miedo que sintió al despertar solo en la habitación del hospital.
El tumor le causó dispraxia, o Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (TDC), y una disminución en la velocidad de su procesamiento. “A veces, me toma más tiempo entender una pregunta en un examen porque el tumor me retrasa”, explica.
A pesar de ello, afirma haber logrado adaptarse y continuar sus estudios en Literatura Inglesa, Cine y Cultura Visual, con la aspiración de convertirse en director de cine. La familia desconoce si existe alguna relación genética entre los dos casos y, según los propios adolescentes, se presume que se trata simplemente de “mala suerte”.
