El número de clínicas de atención urgente en España superó la centena este año, con la apertura de la 137ª unidad en la última semana. Según datos recabados por fuentes del sector, los médicos de atención primaria (MAP) han reducido sus quejas públicas contra este modelo, un fenómeno que coincide con la adaptación progresiva de otras especialidades, como los traumatólogos.
¿Por qué los médicos de cabecera ya no critican tanto las clínicas de urgencia?
En los primeros años de expansión de las clínicas de atención urgente —especializadas en patologías leves o moderadas—, los MAP denunciaban con frecuencia la desatención de casos que, en su criterio, deberían derivarse a su consulta. Sin embargo, fuentes cercanas al Colegio Oficial de Médicos (COM) señalan que estas voces han perdido fuerza en los últimos meses. «La normalización del modelo ha hecho que se entienda mejor su función complementaria», explica un portavoz que prefiere no ser identificado.
El cambio de percepción no es absoluto: aún persisten reservas sobre la saturación de estos centros en zonas con alta demanda, pero ya no se cuestiona su utilidad como alternativa para evitar colapsos en urgencias hospitalarias. «Es como ocurrió con los traumatólogos: al principio hubo rechazo, pero hoy son una pieza clave en la derivación de fracturas», compara un especialista consultado por Notiulti.
¿Qué dice la evidencia sobre su impacto en la sanidad pública?
Aunque no existen cifras oficiales actualizadas sobre el número total de clínicas de urgencia en España —el Ministerio de Sanidad no publica un registro centralizado—, datos de asociaciones como la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) confirman su crecimiento exponencial desde 2018. Según su último informe, estas unidades han reducido en un 15% las listas de espera para consultas no urgentes en áreas donde operan, según declaraciones de su presidente, el doctor Javier Arístegui, en 2023.
La comparación con otros países europeos, donde modelos similares operan bajo supervisión pública, refuerza la tendencia. En Reino Unido, por ejemplo, las minor injury units —equivalentes a las clínicas españolas— gestionan anualmente más de 2,5 millones de casos, según la NHS. «El éxito depende de que sean un puente, no un competidor», advierte Arístegui.
¿Qué queda por resolver?
Pese al avance, persisten desafíos. Una encuesta interna de la Consejería de Sanidad de Madrid —filtrada a este medio— revela que el 30% de las clínicas privadas que operan en la región no cumplen con los protocolos de derivación a atención primaria. «El problema ya no es la existencia de estas unidades, sino garantizar que trabajen de forma coordinada con el sistema público», señala un documento al que ha tenido acceso Notiulti.

Mientras, el Ministerio de Sanidad evalúa incluir estas clínicas en el Plan de Ordenación de Recursos para 2025, una medida que podría regular su expansión y financiamiento. Hasta entonces, su futuro depende de que los MAP y las administraciones logren un consenso sobre su papel.
