Un estudio de la Universidad de Linköping, en Suecia, ha determinado que la vacunación contra el COVID-19 no es la causa de una posible disminución en la tasa de natalidad. Los resultados desmienten los rumores que vinculan la vacunación con una reducción de la fertilidad, y han sido publicados en la revista Communications Medicine.
«Nuestra conclusión es que es altamente improbable que la vacuna de ARNm contra el COVID-19 esté detrás de la disminución de nacimientos durante la pandemia», afirma Toomas Timpka, profesor de medicina social de la Universidad de Linköping.
La investigación se llevó a cabo debido a la proliferación de rumores infundados, especialmente en redes sociales, que sugerían que la vacunación afectaba la capacidad de concebir. En algunos países, incluido Suecia, se observó una disminución en el número de nacimientos durante la pandemia, lo que llevó a cuestionar si esto podría estar relacionado con las nuevas vacunas.
El estudio analizó datos de casi 60.000 mujeres de entre 18 y 45 años en el condado de Jönköping, representando a un porcentaje significativo de la población regional (369.000 habitantes). El 75% de estas mujeres recibieron al menos una dosis de la vacuna contra el COVID-19 entre 2021 y 2024. Los investigadores utilizaron registros de salud para recopilar información sobre nacimientos, abortos espontáneos y defunciones.
Al comparar las tasas de natalidad y aborto espontáneo entre mujeres vacunadas y no vacunadas, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas. Estos hallazgos coinciden con estudios previos que no han establecido una asociación entre la vacuna contra el COVID-19 y la fertilidad.
«No observamos diferencias en las tasas de natalidad entre las mujeres vacunadas y las no vacunadas. Tampoco encontramos diferencias en el número de abortos espontáneos registrados entre los grupos», explica Timpka.
Los investigadores sugieren que la disminución en la tasa de natalidad podría tener otras explicaciones más plausibles. Las personas que actualmente se encuentran en sus 30 años, una edad común para tener hijos, nacieron en la segunda mitad de la década de 1990, un período de dificultades económicas y disminución de la natalidad en Suecia. Esto implica que el grupo de potenciales padres actuales es más pequeño debido a las bajas tasas de natalidad de hace 30 años. Además, factores relacionados con la pandemia, como preocupaciones de salud, económicas y cambios en el comportamiento durante el confinamiento, podrían haber contribuido a la reducción de nacimientos.
Una fortaleza del estudio radica en que examinó los resultados del embarazo en un grupo amplio y representativo de la población del país. Los investigadores también consideraron la edad de la mujer como un factor que podría influir en los resultados, y ajustaron su análisis en consecuencia.
La investigación contó con el apoyo financiero, entre otros, del Consejo Sueco de Investigación.
