Un equipo de investigación ha descubierto una nueva estrategia para combatir el cáncer colorrectal utilizando la bacteria Listeria monocytogenes. La innovación consiste en modificar la bacteria para crear una vacuna oral que estimule el sistema inmunológico directamente en el intestino, donde se generan las células antitumorales.
Los detalles de este trabajo, liderado por el inmunólogo Brian Sheridan de Stony Brook, fueron publicados en la revista Journal for the ImmunoTherapy of Cancer.
El cáncer colorrectal es uno de los tipos de cáncer más peligrosos y mortales a nivel mundial. Se proyecta que en los Estados Unidos, para 2026, se diagnostiquen más de 150,000 nuevos casos y se registren más de 55,000 fallecimientos. La inmunoterapia contra el cáncer representa una estrategia de tratamiento que aprovecha el propio sistema inmunológico de la persona para combatir la enfermedad. Sin embargo, las inmunoterapias solo se utilizan para tratar una pequeña proporción de cánceres colorrectales, y la mayoría no responden a las terapias actuales.
Listeria es una bacteria que puede causar infecciones, pero ha demostrado ser prometedora como inmunoterapia para varios tipos de cáncer, incluido el cáncer colorrectal, y ha llegado a ensayos preclínicos y clínicos.
Esta nueva investigación, realizada en un modelo murino de cáncer colorrectal, difiere de los enfoques anteriores con la vacuna Listeria, que se administraban por vía intravenosa. El método actual utiliza una administración oral para generar una robusta respuesta de células T CD8 antitumorales en los tejidos gastrointestinales. Además, este método ofrece un enfoque más específico que las inmunoterapias tradicionales, ya que la vacuna se dirige directamente al intestino y al tejido intestinal donde se origina el cáncer colorrectal.
Según Sheridan, profesor asociado del departamento de microbiología e inmunología en la Renaissance School of Medicine (RSOM) de la Universidad de Stony Brook e investigador en el Stony Brook Cancer Center, el equipo modificó genéticamente una cepa altamente atenuada de la bacteria, eliminando los genes de virulencia clave pero permitiendo el acceso al sistema inmunológico intestinal. Esto les permitió estimular una respuesta antitumoral sin causar listeriosis.
En modelos de ratón, la vacuna se mantuvo contenida en los tejidos intestinales y no se propagó a otros órganos ni causó efectos secundarios significativos, como la pérdida de peso. Este enfoque localizado aseguró que el sistema inmunológico de los sujetos del modelo reaccionara específicamente donde se desarrolla el cáncer, atacando directamente a las células cancerosas colorrectales y minimizando el daño a los tejidos sanos.
“La importancia clínica de nuestros hallazgos de laboratorio se subraya por el rendimiento de la vacuna en el tratamiento de tumores establecidos”, afirma Sheridan. “Si bien esta vacuna por sí sola inicialmente frenó el crecimiento tumoral local, su verdadero potencial se reveló cuando se combinó con inhibidores de puntos de control inmunitarios existentes. Esta terapia combinada condujo a un control profundo del tumor en el modelo y sugiere que la vacuna puede ‘activar’ eficazmente el sistema inmunológico en tumores que previamente eran resistentes a la inmunoterapia estándar”, explica.
Además, el método demostró que la inmunización oral, combinada con inhibidores de puntos de control inmunitarios, indujo la acumulación de células T CD8 específicas del tumor en el entorno tumoral. Estas células inmunitarias especializadas permanecen estacionadas en el intestino y actúan para proporcionar una protección inmediata y duradera contra las células cancerosas, una respuesta que no se logró mediante la vacunación o los inhibidores de puntos de control inmunitarios por sí solos.
“En última instancia, esta estrategia podría mejorar significativamente el pronóstico de los pacientes con cáncer colorrectal avanzado o metastásico que tienen opciones terapéuticas limitadas”, enfatiza Sheridan. “Además, este método podría allanar el camino para una nueva generación de vacunas contra el cáncer que podrían prevenir la aparición de la enfermedad y mejorar la eficacia de las inmunoterapias existentes en entornos clínicos”.
El estudio contó con el apoyo, en parte, de fondos del Departamento de Defensa, los Institutos Nacionales de la Salud (NIAID), la Fundación para la Universidad Estatal de Nueva York y varias fundaciones benéficas.
Fuente: Stony Brook University
