El profesor James Swartz, de los departamentos de Ingeniería Química y Bioingeniería de la Universidad de Stanford, ha señalado que la respuesta ante la próxima pandemia podría reducirse a un periodo de 4 a 5 semanas, en contraste con el año que tomó desarrollar las vacunas contra el COVID-19. La clave para lograr esta rapidez reside en la producción anticipada de componentes.
Durante una entrevista en el simposio internacional y conferencia primaveral de la Sociedad Coreana de Biotecnología, celebrada en el Centro de Convenciones Yeosu Expo, Swartz presentó el potencial de la tecnología de partículas similares a virus (VLP, por sus siglas en inglés). Las VLP son partículas compuestas únicamente por la capa proteica externa de un virus y, al carecer de material genético, no pueden infectar ni replicarse. Un ejemplo destacado de este tipo de tecnología es la vacuna contra el cáncer de cuello uterino.
El equipo liderado por Swartz desarrolló un proceso sin células que permite crear VLP con un diámetro de entre 35 y 45 nanómetros (nm) dentro de tubos de ensayo, sin necesidad de utilizar células vivas. Estas partículas mantienen su estabilidad durante al menos tres meses bajo condiciones de refrigeración estándar a 4 °C.
La estrategia de respuesta propuesta por el profesor consiste en producir VLP de forma masiva y almacenarlas en bodegas. Según Swartz, cuando ocurra una pandemia, lo único necesario sería el antígeno; al adherir dicho antígeno a las VLP previamente almacenadas, se podría fabricar la vacuna con extrema rapidez.
James Swartz inició su trayectoria profesional como ingeniero en una compañía petrolera y trabajó en las empresas farmacéuticas Eli Lilly y Genentech antes de incorporarse a la Universidad de Stanford en 1998. Durante 28 años, ha investigado la tecnología de síntesis de proteínas sin células y es cofundador de las empresas de biotecnología Sutro Biopharma y Greenlight Biosciences.
