La presión política sobre la industria farmacéutica para obtener la aprobación de una vacuna contra el COVID-19 en Estados Unidos aumenta a medida que Rusia y China ya han autorizado sus propias vacunas, y con las elecciones presidenciales estadounidenses previstas para principios de noviembre.
Sin embargo, la industria ha transmitido un mensaje contundente: no cederá a influencias externas y solo buscará la aprobación una vez que un candidato demuestre datos de seguridad y eficacia de un ensayo de Fase III. Este mensaje se dio durante una reunión de directivos farmacéuticos organizada por la Federación Internacional de Fabricantes de Productos Farmacéuticos (IFPMA) el jueves.
