Un equipo internacional de investigadores ha establecido nuevos límites cuantitativos sobre las misteriosas nubes de Venus. Combinando observaciones con modelos de transferencia radiativa, calcularon que las gotas de ácido sulfúrico del planeta deben albergar un absorbente de luz excepcionalmente fuerte, con un coeficiente de absorción que alcanza aproximadamente los 1.278 cm-1 a 375 nm.
Venus aparece de un color amarillo pálido cuando se observa con luz visible, pero las imágenes en ultravioleta revelan patrones oscuros y brillantes que se desplazan junto con las nubes altas de ácido sulfúrico del planeta. Aunque estos rasgos se conocen desde hace aproximadamente un siglo, la identidad química exacta del material responsable, conocido como el absorbente desconocido, sigue sin resolverse. Un equipo internacional de investigación ha abordado este misterio desde una perspectiva diferente mediante un estudio publicado en la revista Astrobiology.
Nuevos límites en el laboratorio y modelos radiativos
Para entender las propiedades de este material enigmático, el autor principal del trabajo, el Dr. Jan Spacek de la Foundation for Applied Molecular Evolution en EE. UU., planteó una cuestión fundamental sobre la apariencia de los aerosoles nubosos si se concentrasen en un entorno de laboratorio, según detallan las publicaciones científicas.
«If we were to collect Venus’s cloud droplets into a spectrometric cuvette, how would the re-formed bulk liquid appear?»
Dr. Jan Spacek, lead author
Este enfoque resulta crucial porque una nube puede tener una apariencia radicalmente distinta a la de la sustancia pura que compone sus partículas. Como ejemplo familiar, el humo de un cigarrillo se ve blanco debido a que sus partículas submicrométricas dispersan la luz de manera muy eficiente. Sin embargo, al recolectar ese mismo humo en un frasco, se forma un lodo denso y oscuro de tipo alquitrán. De acuerdo con los investigadores, las nubes de Venus operan bajo un principio óptico similar, ya que su distribución de tamaño de partícula es comparable a la del humo de tabaco.
Cálculos de absorción y el coeficiente requerido
Para superar la dificultad que supone la dispersión de la luz solar por parte de las partículas nubosas, el equipo combinó las observaciones del planeta con un modelo de transferencia radiativa. La Dra. Yeon Joo Lee, del Grupo de Atmósferas Planetarias del Instituto de Ciencia Básica (IBS) en Corea del Sur, realizó los cálculos correspondientes para traducir los datos espaciales en una métrica de laboratorio estándar.
Según explicó la Dra. Lee en las observaciones recogidas por Phys.org, la clave radica en que las partículas de las nubes dispersan la luz con gran eficacia, impidiendo comparar de forma directa el brillo espacial con la absorción de un líquido a granel medido en la Tierra. El modelo permitió estimar con precisión la intensidad con la que el líquido de las gotitas debe absorber la radiación.
Dentro del rango estudiado de 365 a 455 nanómetros, el coeficiente de absorción decádico requerido llega a aproximadamente 1.278 cm-1 a los 375 nm. Esto impone una exigencia estricta: el material responsable debe poseer una eficiencia extraordinaria para absorber la luz, hallarse en una concentración sumamente elevada dentro de las gotitas, o cumplir ambas condiciones.
Moléculas orgánicas conjugadas y perfiles espectrales
Una de las clases de sustancias capaces de cumplir con este requisito de absorción intensa son las moléculas orgánicas conjugadas altamente absorbentes. En este contexto científico, el término «orgánico» se refiere estrictamente a compuestos basados en carbono y no sugiere ningún origen biológico.
Para moléculas con una fuerza de absorción equiparable a la de pigmentos porfirinoides eficientes, las concentraciones necesarias se situarían en el orden de los 10 gramos por litro. No obstante, los autores aclaran enfáticamente que no están proponiendo la clorofila, el hemo ni ningún otro pigmento biológico específico, sino que utilizan dichos compuestos como referencias familiares de alta eficiencia.

Asimismo, la forma del espectro de absorción aporta otra pista restrictiva fundamental. Los compuestos orgánicos simples expuestos al ácido sulfúrico concentrado suelen reaccionar y formar mezclas oscuras y complejas similares al alquitrán, las cuales absorben de manera amplia en todo el espectro visible y adquieren tonos marrones o negros. Dicho comportamiento no coincide con la disminución pronunciada en la absorción inferida para Venus entre los 365 y 455 nm.
«If the observed light absorption is due to conjugated organic matter, the relatively sharp absorption profile is consistent with a chemically defined absorber that resists conversion into the tar-like mixture we typically observe with organics dissolved in concentrated sulfuric acid,»
Spacek
Petkowski, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Wrocław en Polonia, y Paul B. Rimmer, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, quienes destacaron que el modelo impone restricciones muy exigentes a cualquier sustancia propuesta.
Implicaciones para futuras misiones espaciales
Los investigadores enfatizan que estos nuevos datos y restricciones cuantitativas no demuestran la existencia de vida en las capas atmosféricas de Venus, ni confirman de manera definitiva que el agente absorbente sea de naturaleza orgánica. Sin embargo, el modelo proporciona un marco riguroso que servirá para orientar las pruebas y mediciones de las futuras misiones espáticas destinadas a estudiar nuestro vecino planetario.
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