La reciente entrega de los premios musicales dejó un sabor agridulce, entre la expectativa de una renovación y la sensación de un espectáculo anclado en el pasado. Si bien se esperaba un fuerte énfasis en la representación femenina, la ceremonia, según algunos críticos, se limitó a símbolos y consignas vacías, como la presencia de Suzane y un grupo de artistas con pancartas alusivas a la violencia de género, o el grito de “Las mujeres están en todas partes, ¡es el girl power!” de Helena Noguerra.
Le message d’Helena aux Victoires de la musique (VIDEO)
Avalancha de nostalgia
Afortunadamente, artistas como Ino Casablanca y la galardonada Theodora recordaron al público que estamos en 2026. Sin embargo, el resto de la noche estuvo marcada por una atmósfera nostálgica, con figuras como Sam Sauvage, Feu! Chatterton, Nicole Croisille, Nana Mouskouri e incluso un holograma de Serge Lama. Santa, fiel a su estilo, presentó una puesta en escena elaborada, pero que algunos consideraron una imitación de Bonnie Tyler y un plagio del tema “With or Without You” de U2. Orelsan, por su parte, ofreció una interpretación curiosa de su canción “Le Pacte”, con la aparición de vigilantes de seguridad.
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Bleu Soleil, descrito como un Tryo con influencias de Teletubbies, interpretó “Soleil Bleu”, una canción que ha sido adoptada como himno por los Eclaireurs de France. Miki, vestida como un explorador, añadió un toque inesperado a su canción “Particule”, evocando el estilo de Pierre Perret. El punto culminante de la noche, enmarcado como un homenaje a la “icónica feminidad” de Brigitte Bardot, incluyó imágenes de archivo de La Madrague, pero omitió cualquier referencia a su controvertida obra “Le Bébécédaire”, donde definía el feminismo como “una reunión de mujeres imposibles“. La ceremonia estuvo salpicada de anuncios de Spotify, que fueron recibidos con tímidas protestas del público.
Un pequeño gesto
En cuanto a las intervenciones más arriesgadas, Katerine citó a Donald Trump y la atmósfera de su época en un breve collage sonoro. El resto de los artistas se limitaron a agradecer a sus productores, equipos y familias. Hacia el final del espectáculo, Disiz recordó que, hace veinte años, fue galardonado en una categoría “extraña” que englobaba rap, ragga, hip-hop y R&B, una categoría tan amplia que se sintió como “el Collectif métissé en solitario”, como si no fuera un artista individual sino una simple “coloración” o “ambiente”.
Un pequeño gesto bienvenido, aunque insuficiente para salvar un espectáculo lento, indigesto e impertinente, que no estuvo a la altura de su tiempo y que, a pesar de proclamar la diversidad, pareció más cerrado y desconectado que nunca.
