Los sistemas de salud continúan en estado de vigilancia ante la circulación y mutación constante de virus. La capacidad de estos virus para encontrar un entorno propicio para su propagación aumenta cuando la sociedad relaja las medidas preventivas.
Este monitoreo continuo es esencial, independientemente de los cambios en el nombre, la variante o el subclado del virus. La dinámica de los virus implica una evolución constante, lo que exige una respuesta proactiva y adaptable por parte de las autoridades sanitarias.
La clave para mitigar el impacto de estos virus reside en mantener la atención y la responsabilidad colectiva, incluso cuando la percepción del riesgo disminuye.
