Dominique Prins-König, de 56 años, fue diagnosticada con la enfermedad de Parkinson hace casi ocho años. Debido a esta condición, se vio obligada a abandonar su trayectoria profesional como periodista.
Tras recibir el diagnóstico, Dominique relata que, aunque comenzó a utilizar medicación, pasó un año fingiendo que no ocurría nada. «Tomaba pastillas, pero aparte de eso, durante un año hice como si no pasara nada», explicó.
Actualmente, ha encontrado un nuevo rumbo impartiendo clases de yoga, actividad que le ha proporcionado un nuevo ritmo de vida y herramientas prácticas para gestionar sus síntomas. Entre ellas destacan los ejercicios de respiración, equilibrio y relajación, los cuales también son valorados por alumnos que presentan diversos problemas de salud.
La experiencia de Dominique ilustra que, complementando la medicación, las personas con Parkinson pueden beneficiarse de terapias de movimiento y actividades que fomenten el autocuidado y la atención. Su historia resalta cómo una enfermedad crónica, a pesar de las limitaciones que impone, puede ser el motivo para adoptar un nuevo rumbo en la vida y el trabajo, utilizando el yoga como medio para recuperar la resiliencia física y mental, así como el sentido de propósito.
