Un adolescente reflexiona sobre la espera hasta los 17 años para acceder a las redes sociales, compartiendo su perspectiva en una columna reciente de The Straits Times. El joven describe cómo, inicialmente, sintió frustración al ver a sus amigos participar en plataformas como Instagram y TikTok mientras él permanecía excluido. Con el tiempo, sin embargo, comenzó a apreciar los beneficios de esa restricción: más tiempo para leer, practicar deportes y conversar cara a cara con su familia.
Según su relato, la ausencia de notificaciones constantes le permitió desarrollar una mayor capacidad de concentración en los estudios y reducir la ansiedad asociada a la comparación social. Aunque admite que ahora, a los 17, entiende el atractivo de las redes para mantenerse informado y conectado, valora la disciplina que aprendió durante los años sin ellas. Su experiencia, compartida en el artículo, invita a reflexionar sobre el momento adecuado para introducir a los adolescentes en el mundo digital, equilibrando protección y autonomía.
