Xi Jinping ofreció pato laqueado a Putin y a Trump, mientras Albanese se quedó sin invitación
El presidente chino, Xi Jinping, ha repetido en los últimos años un gesto protocolario que refleja tanto la tradición culinaria como la diplomacia de Estado: servir pato laqueado a líderes extranjeros. En dos ocasiones recientes —con el presidente ruso Vladimir Putin y con el expresidente estadounidense Donald Trump—, Xi ha incluido este plato emblemático en los menús de sus cenas oficiales, mientras que el primer ministro australiano, Anthony Albanese, no ha sido invitado a participar en este ritual durante sus visitas a China.
El pato laqueado, un manjar de la gastronomía china, se ha convertido en un símbolo de la relación bilateral entre Pekín y sus socios internacionales. Según registros diplomáticos y fuentes cercanas a los eventos, Xi ha servido este plato en cenas de Estado con Putin en 2023 y con Trump en 2017, reforzando así un gesto de hospitalidad y continuidad en la agenda de cooperación con estos líderes.
Un menú que trasciende lo gastronómico
Más allá del significado culinario, el pato laqueado ha adquirido un valor simbólico en la diplomacia china. Su inclusión en los menús oficiales no solo alude a la tradición, sino también a la importancia que Pekín otorga a sus relaciones con Moscú y Washington. En el caso de Putin, la cena se enmarcó en un contexto de creciente alineación estratégica entre ambos países, mientras que con Trump el plato formaba parte de un encuentro centrado en temas comerciales y de seguridad.
En contraste, Albanese —quien ha buscado fortalecer los lazos con China en áreas como el comercio y la infraestructura— no ha sido incluido en este tipo de eventos durante su gestión. Aunque las razones oficiales no han sido detalladas, analistas sugieren que la falta de invitación podría reflejar tensiones en las relaciones bilaterales, especialmente en temas como los derechos humanos y la influencia geopolítica en la región Indo-Pacífico.
Diplomacia en el plato: ¿qué dice el menú?
El pato laqueado, con su preparación meticulosa y su presentación tradicional, funciona como un lenguaje no verbal en la diplomacia china. Su ausencia en los encuentros con Albanese podría interpretarse como un indicio de distanciamiento o, al menos, de una priorización distinta en las relaciones con otros actores globales.

Mientras tanto, Xi continúa utilizando este gesto para consolidar alianzas clave. La repetición del plato con Putin y Trump subraya no solo el prestigio de la cocina china, sino también la estrategia de Pekín para mantener vínculos sólidos con potencias que comparten intereses comunes frente a lo que perciben como presiones externas.
La próxima vez que un líder extranjero visite China, el pato laqueado podría volver a aparecer en el menú. Pero por ahora, Albanese sigue esperando su invitación.
