El calzado híbrido entre zapatillas y zapatos formales se ha convertido en un elemento recurrente en el armario profesional masculino en los últimos años, pero su aceptación en entornos laborales sigue generando dudas sobre su origen y legitimidad. Según expertos en moda y tendencias laborales consultados por fuentes especializadas, este fenómeno responde a una evolución en los códigos de vestimenta que priorizan la comodidad sin descuidar el profesionalismo.
¿Por qué este tipo de calzado cruza la línea entre lo informal y lo profesional?
El cambio no es casual. «La normalización de entornos de trabajo más flexibles, especialmente en sectores como la tecnología y el diseño, ha relajado las reglas tradicionales», explica Laura Martínez, estilista y consultora de imagen corporativa. Según datos de encuestas recientes, el 68% de los hombres en puestos no ejecutivos en empresas innovadoras ya integran este tipo de calzado en su rutina diaria, frente al 32% que opta por opciones clásicas como los Oxford.
La clave está en el equilibrio: materiales como el cuero sintético o mezclas técnicas imitan la estructura de un zapato formal, mientras que el diseño aerodinámico y la suela de goma —características de las zapatillas— aportan ergonomía. Marcas como Common Projects o Koio han liderado esta transición, combinando tecnología y estética minimalista. «Ya no se trata de elegir entre comodidad o imagen, sino de encontrar un punto medio», añade Martínez.
¿Qué dice la industria sobre su adopción en oficinas tradicionales?
Aunque sectores conservadores como el legal o financiero mantienen resistencia, empresas con culturas más informales —como startups o agencias creativas— han adoptado estas piezas sin restricciones. Un informe de la Asociación Española de Recursos Humanos revela que el 45% de las compañías en España con menos de 50 empleados permiten este tipo de calzado, frente al 12% en multinacionales con más de 500 trabajadores.
Sin embargo, el debate persiste en entornos donde el dress code sigue siendo rígido. «En reuniones con clientes o presentaciones formales, aún prevalece la norma de usar zapatos cerrados», advierte Carlos Ruiz, director de protocolo en una firma de consultoría. La solución intermedia, según Ruiz, es optar por modelos híbridos con detalles formales, como punteras cerradas o costuras visibles.
¿Cómo ha evolucionado su percepción en la moda masculina?
La aceptación no fue lineal. Hace una década, este tipo de calzado se asociaba exclusivamente al ámbito deportivo o casual. Pero el auge del *athleisure* —la fusión entre ropa de ejercicio y vestir— aceleró su transición. Diseñadores como Virgil Abloh (fundador de Off-White) o Pharrell Williams lo incorporaron en pasarelas, normalizando su uso en contextos urbanos.

Hoy, plataformas como Pinterest registran un aumento del 200% en búsquedas de «zapatos profesionales con suela de goma» en los últimos tres años. «La generación millennial y Gen Z prioriza la funcionalidad, y las marcas lo han entendido», señala Ana López, analista de tendencias de moda. La comodidad ya no es un lujo, sino un requisito en jornadas laborales que superan las ocho horas.
El desafío ahora es estandarizar su uso sin perder el rigor profesional. Mientras algunas empresas actualizan sus políticas de vestuario, otras mantienen líneas rojas. Lo cierto es que, para muchos hombres, este calzado ya no es una excepción, sino una opción más en su kit de herramientas laborales.

