El 14 de febrero de 1876, el inventor escocés Alexander Graham Bell patentó su teléfono, una fecha considerada el nacimiento de la telefonía moderna. Su invención permitió, por primera vez de manera fiable, la transmisión eléctrica de la voz y su posterior audición en el extremo receptor.
Sin embargo, los orígenes se remontan a décadas anteriores: ya en la década de 1860, el físico alemán Philipp Reis experimentó con un precursor del teléfono. En su casa, pronunció la legendaria frase: “Das Pferd frisst keinen Gurkensalat.” Aunque el dispositivo de Reis aún no era comercialmente viable, la patente de Bell supuso el avance definitivo hacia su aplicación práctica y explotación comercial.
Un hito en la historia de la tecnología
Con la telefonía, comenzó una nueva era en la comunicación. Por primera vez, las personas pudieron hablar entre sí en tiempo real a grandes distancias, un cambio de paradigma fundamental en comparación con la correspondencia postal y el telégrafo. En cuestión de décadas, surgieron centrales telefónicas, redes locales y, finalmente, infraestructuras de líneas internacionales.
La automatización de la conmutación (tecnología de marcación directa a principios del siglo XX), la digitalización de las redes en las décadas de 1980 y 1990, y la telefonía móvil a partir de la década de 1990 aceleraron exponencialmente este desarrollo. El teléfono evolucionó del aparato de madera fijo al dispositivo móvil omnipresente.
Del cable de cobre a las redes IP
Hoy en día, los expertos hablan con sobriedad de un cambio estructural: la telefonía tradicional conmutada por líneas (PSTN/ISDN) ha sido ampliamente reemplazada en Alemania por redes basadas en IP. Técnicamente, la voz es ahora simplemente un flujo de datos más, transmitido a través de Voice over IP (VoIP) a través de redes de banda ancha conmutadas por paquetes.
Los expertos a veces se refieren a la telefonía de voz como un “subproducto” de las redes de datos modernas: la infraestructura se mantiene principalmente para servicios de Internet de banda ancha, y la voz es una aplicación sobre ella.
Disminución de los minutos de conversación
Paralelamente, el volumen clásico de las conversaciones ha disminuido durante años. Según cálculos de la Agencia Federal de Redes de Alemania, los minutos de conversación salientes de la telefonía móvil en Alemania disminuyeron de 163 mil millones a 145 mil millones en tres años. Esta tendencia continúa también en la red fija: en 2024, el volumen de conversaciones disminuyó a 57 mil millones de minutos en comparación con el año anterior.
Las causas son claramente estructurales:
- Migración a servicios de mensajería con funciones integradas de voz y vídeo
- Comunicación asíncrona a través de mensajes de texto y voz
- Aumento del uso de videoconferencias en el ámbito profesional
- Preferencias de comunicación generacionales
La llamada telefónica clásica está perdiendo su monopolio, pero sigue siendo indispensable en muchos ámbitos, como las llamadas de emergencia, en el entorno empresarial o en infraestructuras críticas.
Nuevos horizontes: telefonía móvil desde el espacio
Mientras que la telefonía clásica pierde importancia, surgen nuevas innovaciones tecnológicas disruptivas. Una de ellas es la telefonía móvil directa desde el espacio: constelaciones de satélites de baja órbita (LEO) conectarán en el futuro los smartphones estándar directamente, sin necesidad de una estación base terrestre. El objetivo es proporcionar una cobertura casi total, especialmente en zonas rurales, en el mar o en zonas de crisis.
Este desarrollo ejemplifica la continua evolución de la telecomunicación: desde la conexión alámbrica puntual hasta las redes globales integradas de fibra óptica, telefonía móvil y satélites.
Telefonía en la era del 5G y la IA
Con las redes 5G Standalone, la voz se integra completamente en arquitecturas IP de alto rendimiento (Voice over New Radio, VoNR). Paralelamente, los asistentes de voz impulsados por IA, la traducción automática en tiempo real y el análisis inteligente de las conversaciones están entrando en las redes.
Así se cierra el círculo: lo que comenzó en 1876 como un experimento mecánico-eléctrico es hoy un ecosistema altamente complejo y definido por software.
