En un contexto donde la estimulación visual constante ha generado fatiga en los espectadores, el arte contemporáneo está tomando un giro inesperado hacia la oscuridad. Según el análisis publicado en [Pocus 칼럼] 1초의 화려함이 피곤해진 눈 — 2026년 미술은 어떻게 어둠을 선택했나, esta tendencia no es meramente estética, sino una respuesta directa al agotamiento sensorial provocado por años de exposición a contenidos digitales de alta intensidad.
El artículo señala que, pese a que el mercado del arte impulsado por inteligencia artificial sigue expandiéndose — con un crecimiento anual estimado del 29 por ciento y una proyección de alcanzar los 40.000 millones de dólares para 2033 — , los creadores y curadores están optando por obras que priorizan la sutileza, la ausencia de color y experiencias visuales más sobrias. Este cambio refleja una crítica interna al exceso de estímulos y una búsqueda de equilibrio en la percepción estética.
Además, se destaca que esta corriente no implica un rechazo a la tecnología, sino una reconfiguración de su uso: las herramientas digitales se emplean ahora para explorar tonalidades oscuras, contrastes mínimos y espacios de contemplación, en lugar de producir efectos visuales llamativos o saturados.
Así, el arte de 2026 se presenta como un contrapunto necesario al ruido visual predominante, donde la oscuridad no simboliza vacío, sino un acto intencional de restauración visual y mental.
