Durante años, los astrónomos han seguido de cerca las variaciones en el brillo de Betelgeuse, especialmente sus repentinos atenuamientos y aumentos de luminosidad. Muchos interpretaron estos cambios como las convulsiones finales de una estrella envejecida, que podrían conducir a una explosión de supernova en un futuro cercano. Sin embargo, las investigaciones más recientes, realizadas con el Telescopio Espacial Hubble y observatorios terrestres, apuntan a una explicación completamente diferente. Los investigadores han logrado determinar la causa de la pérdida de brillo, aunque leve pero perceptible, que Betelgeuse experimenta aproximadamente cada 2100 días. Resulta que en la atmósfera de este supergigante rojo orbita otra estrella, denominada Siwarha.
Los científicos sospechaban desde hace tiempo que una segunda estrella podría estar detrás de las fluctuaciones irregulares en el brillo de la estrella más brillante de la constelación de Orión. Sin embargo, hasta ahora no existían pruebas concluyentes. Los informes de 2019 y 2020 sobre el llamado “gran atenuamiento” de Betelgeuse desencadenaron un debate sobre si se acercaba el espectacular final de su vida. Datos clave fueron obtenidos a través de observaciones realizadas durante ocho años, en las que los científicos pudieron detectar una característica cola de gas en la atmósfera de Betelgeuse, confirmando la presencia de la estrella compañera.
La Unión Astronómica Internacional destaca que el nombre “Siwarha” proviene de la denominación árabe “Su Brazalete”, en referencia a la mitología asociada a la constelación de Orión. Los resultados de la investigación indican un fenómeno periódico: cada seis años, la estrella acompañante atraviesa el disco de Betelgeuse, provocando la disminución observada en su brillo.
En un artículo científico publicado en arXiv y aceptado para su publicación en la revista “The Astrophysical Journal”, los autores comparan el impacto de Siwarha en la atmósfera de Betelgeuse con el rastro que deja un barco en el agua. Según explica Andrea Dupree, del Center for Astrophysics, es la primera vez que se han observado directamente las trazas de esta “cola” gaseosa y se han relacionado con el movimiento de la compañera, resolviendo así la controversia sobre la causa de la variabilidad de Betelgeuse.
Las mediciones revelan que el rastro formado en la envoltura gaseosa de Betelgeuse se expande a medida que Siwarha se mueve en su órbita: “El rastro se extiende lateralmente a la velocidad del sonido, aproximadamente 6 km/s. Durante el paso a través del disco es estrecho, pero con el tiempo se ensancha y abarca una parte significativa de la estrella”, señalan los autores del estudio.
Actualmente, Siwarha permanece invisible, oculta tras Betelgeuse. Los astrónomos ya están planificando futuras observaciones de este sistema, cuando la estrella compañera vuelva a emerger detrás del gigante rojo en agosto de 2027.
