La llamada “enfermedad del ciervo zombi” se está extendiendo silenciosamente por Europa. Transmitida por priones, esta patología mortal afecta a los cérvidos y podría alterar significativamente los ecosistemas si no se refuerzan las medidas de vigilancia.
La enfermedad debilitante crónica (EDC), conocida como la “enfermedad del ciervo zombi”, preocupa cada vez más a los gestores de la fauna. Afecta a los cérvidos y es causada por priones, proteínas infecciosas que destruyen gradualmente el cerebro del animal. Los animales contaminados pueden parecer sanos durante varios años antes de mostrar signos evidentes de debilidad o desorientación, según expertos de la Universidad de Florida en Estados Unidos.
Una propagación preocupante
Descubierta en la década de 1960 en Colorado, la enfermedad ya ha afectado a poblaciones de ciervos, alces y caribúes en más de treinta estados estadounidenses y varias provincias canadienses. Investigadores del Servicio Geológico de EE. UU. advierten que los priones permanecen activos en el medio ambiente durante años, contaminando el suelo, las fuentes de agua y la vegetación.
Europa no es inmune: Noruega notificó sus primeros casos en 2016 en renos salvajes, seguida rápidamente por Suecia y Finlandia. Las autoridades europeas y el Instituto Noruego de Investigación de la Naturaleza han implementado programas de vigilancia reforzada para evitar que la enfermedad se establezca de forma permanente en el continente.
Una amenaza silenciosa
Lo que hace que esta enfermedad sea particularmente preocupante es su progresión silenciosa. Los animales infectados continúan moviéndose e interactuando con sus congéneres, transmitiendo la enfermedad sin que nadie lo sepa. Investigadores de la Universidad de Cambridge señalan que la detección solo es posible después de la aparición de síntomas avanzados o mediante pruebas post mortem.
Riesgos para la fauna y la salud
La EDC amenaza a las poblaciones de cérvidos, esenciales para el equilibrio de los ecosistemas forestales. Una disminución significativa podría perturbar los hábitats y afectar indirectamente a otras especies y a las actividades humanas relacionadas con la caza y la naturaleza. Aunque no se ha confirmado ninguna transmisión a humanos, las autoridades sanitarias europeas recomiendan no consumir la carne de animales sospechosos de estar infectados.
Sin una vacuna ni un tratamiento, la lucha contra la enfermedad se basa en la vigilancia de las poblaciones y la sensibilización de los cazadores. Los expertos insisten en la necesidad de una cooperación internacional para limitar la propagación del prión y proteger tanto la fauna como la salud pública.
